viernes, 26 de abril de 2019

Los límites del neoliberalismo: ¿por qué no al camino macrista?

El pasado domingo 21 de abril, con las elecciones municipales, provinciales y presidenciales a la vuelta de la esquina, Viviana Canosa le hizo una nota en la TV Pública a Mauricio Macri, quizás con la esperanza la una de respuestas, el otro de repuntes en las encuestas para su candidatura. De más está decir que la entrevista, arreglada como estuvo, fue todo un fiasco. Incluso, cuando la periodista, con sus sesgos evidentemente oficialistas, no pudo evitar interrogar al presidente sobre la pobreza en el país, su respuesta fue de lo más deplorable, al punto que los espectadores no supimos si se trataba de una broma de mal gusto o de un diálogo de sordos: en efecto, cuando a Macri le preguntó qué podía decir acerca de la actual situación nacional y local que gran parte de la población sufre en la pobreza, el presidente tuvo la desfachatez de responder que, en todo caso, los chicos pobres que van a la escuela, tienen que agradecerle a él y a su camarilla de ladrones, que pueden caminar sobre calles pavimentadas y que ya no conviven más con la mierda. Traducción: en otras palabras, que el pavimento de la calle, aún no siendo comestible, podría ser alimento para los pobres. Cuando, casi finalizando la entrevista, la periodista le preguntó hacia dónde vamos si él fuese reelecto, respondió que el camino económico actual, el único posible según su mirada, es el correcto; "cuando la gente piensa en la Argentina, piensa en China y en Estados Unidos", dijo. Traducción: cuando los sectores medios, y algunos intelectuales, tanto nacionales como extranjeros, piensan en la Argentina, se imaginan un país que guarda ciertas similitudes con la República Popular China, un país con rasgos claramente imperialistas, donde la saga dinástica y monárquica del viejo imperio ha sido reemplazada, secuencialmente, por un paradigma republicano liberal primero -de 1912 a 1925-, por la Revolución de Xinhay de Sun Yatsen, reemplaza ésta a su vez por un nacionalismo fascista, el ejercido por Zhang Kayzhek, y, finalmente, por el régimen comunista, cuyos únicos años de relativa cercanía con su pueblo fue de cortísima duración, de 1950 a 1966, cuando, con el Salto Adelante de 1953 primero y la Revolución Cultural de 1963-69 después, acabó por quedar cristalizado y se degradó al puro militarismo y la dictadura de partido único. Finalmente, y desde 1976, con la muerte de Mao, desde entonces hasta 1997, y de ahí hasta la actualidad, Deng Xiaoping llevó a China lo que acabó por denominarse capitalismo mixto, que es solo un nombre elusivo y estéticamente rentable para un régimen totalitario, donde el imperialismo económico, la élite del partido comunista y los grandes empresarios, confluyen para oprimir, como ya es clásico para un pueblo con más de tres mil años de historia, a sus habitantes, que no tienen derechos garantizados. Y Estados Unidos: un país que, gobernado hoy en día por Trump, soporta un régimen que ya nadie sabe bien qué nombre ponerle, populismo de derecha, fascismo, racismo yanky, pero en el cual el complejo tecnológico-mediático-militar-imperialista encuentra, si no su representante más acérrimo, al menos su mejor excusa para que nadie siga pensando que bajo su rostro se esconden otros intereses, con un muro al sur del país que solo aumenta las presiones internacionales a su alrededor.
Ahora, por otra parte, y por falta de tiempo, no nos dedicaremos a esbozar los orígenes del neoliberalismo, que en un futuro todo aquel que se digne llamarse a sí mismo intelectual comprometido con la realidad de la región estará obligado a realizar, pero si ahora nos dedicamos a esbozar sus límites, es porque entre estos y sus orígenes, una fina línea separa a ambos, a saber que los orígenes hablan de una arqueología o genealogía del pasado al presente, mientras sus límites deben mostrar, concomitantemente, cómo el presente no está lejos del futuro.
Si hemos llegado a pensar que mecanismos e instrumentos propios de los regímenes dictatoriales, autoritarios y totalitarios del siglo XX confluyen y resurgen, sintomáticamente, en el actual régimen de gobierno neoliberal, ello se debe a cómo la violencia económica, racial, social y política, por ejemplo, se manifiesta tanto desde los miembros y la estructura de la coalición gobernante, en el PRO y Cambiemos, como desde sus voceros intelectuales y mediáticos, con diferentes poblaciones objetivo: los pueblos aborígenes, el peronismo, las izquierdas, los trabajadores, los docentes de la educación pública, comerciantes y empresarios de PIMEs, entre otras, con una rama del paradigma biopolítico, a saber, la necropolítica, que arroja a la muerte sistemática a los sectores sociales que no pueden subsistir por sí mismos. No es lo mismo sobrevivencia que supervivencia; todo ser viviente, vegetal, animal o humano, nace en el mundo con ciertas condiciones y capacidades de supervivencia; tanto en la naturaleza como en la sociedad humana, deben estar aseguradas condiciones mínimas para la mínima supervivencia, lo que Aristóteles llamaba los bienes exteriores, ya que para el filósofo, para que un hombre pudiera alcanzar la virtud y ser virtuoso, para poder ejercer sus virtudes morales e intelectuales, primero necesitaba tener asegurados bienes exteriores como alimento, vestimenta o familia, por ejemplo. Pero sin medios que aseguren condiciones mínimas de supervivencia, a todo ser viviente lo único que le queda es sobrevivir, ya sea porque su medio de subsistencia se ve amenazado por la alteración natural o artificial de su entorno, porque una catástrofe medioambiental o social y económica lo arroja a la arbitrariedad de una realidad incontrolable, a la lucha por la vida y por la misma subsistencia. Y cuando esto ocurre, no hay selección natural o lucha por la especie que valga para justificar una catástrofe económica, social, cultural y política como lo representa el neoliberalismo de Cambiemos. Ello sin ignorar, por supuesto, otros regímenes cercanos espacial e ideológicamente al del macrismo, como el impulsado en sus diferentes fases tras el golpe al gobierno de Dilma Roussef en Brasil, primero por la gestión títere de Michel Temer, ahora por una especie de neofascismo por Bolsonaro; un retorno del conservadurismo en Chile o el mismo régimen racista y panamericanista e imperialista de Donald Trump desde Estados Unidos.
Por fuerza es imperioso buscar los orígenes de este retorno regional de los regímenes conservadores, que también en Europa expande sus tentáculos. Ya no se trata de explicar qué ocurrió o quiénes lo llevaron a cabo, sino del por qué y el cómo, el de dónde y desde cuándo. Tiene Cambiemos, sus orígenes, sus filiaciones, creemos, que en el pensamiento revanchista de la libertadora del 55, la doctrina económica y de seguridad nacional de la última dictadura cívico-militar del 76, así como en el golpe de mercado del 89 al alfonsinismo y los principios económicos, políticos y culturales del menemismo de los 90, con su consolidación durante el gobierno de De la Rúa entre el 99 y el 2001. Pero también implica haber fundido en su seno elementos tanto de dictaduras y democracia, por no ser, en su aplicación, efectivamente ni una democracia plena, porque lo es solo de forma, siendo la misma vaciada de su sentido y principios tradicionales, ni tampoco, a pesar de adoptar sus mecanismos represores contra marchas populares mediante la instrumentalización del aparato policial, una dictadura, porque ha suspendido de hecho, aunque quizás no de derecho, las garantías y libertades constitucionales. pero si hecho y derecho ya no son distinguibles, si legalidad e ilegalidad, legitimidad e ilegitimidad ya no son contrapuntos opuestos de disyunciones equivalentes y válidas, sino solo expresiones contradictorias de otra cosa cuyo nombre se desconoce y cuyas categorías suelen ignorarse, lo que queda es un estado de excepción, a saber, un estado de cosas en el cual lo legal, la constitución, los códigos y sus leyes subordinadas, están suspendidos en su aplicación, quedando inoperantes, siendo convertidos en puras formas de ley, mientras se aplica y surge en una especie de reglamentación arbitraria y momentánea, una fuerza de ley, en forma de decretos discrecionales. Un estado de excepción que queda revestido por nombres tales como estado de necesidad o de urgencia, mientras el pueblo y la oposición buscan hacer patente el estado mismo de excepción como estado de emergencia: emergencia alimentaria, económica, ambiental, tarifaria y social.
Empero, si la famosa grieta que el gobierno ha querido imponer en el imaginario social y cultural en los últimos tres años y medio va diseminándose en su cada vez más improbable confirmabilidad, como una pura categoría de política imaginaria, por otra parte, las marchas populares y las voces de intelectuales y opositores han intentado detener la violencia estatal y gubernamental que el gobierno utiliza para denostar y violentar derechos de la población. Una población política y económicamente expuesta, rebelada contra su precarización; invisibilizada pero que, mientras algunos pujan por su desaparición real y virtual, otros -y el pueblo mismo en su conjunto- luchan por su derecho a reaparecer y repolitizar los espacios públicos.
El neoliberalismo, que en su crítica por izquierda pero también en su aplicación, desde la derecha en el poder, muestra sus límites: formador de subjetividades atomizadas y de sujetos emprendedores de sí mismos, con paradigmas económicos que reducen los intercambios humanos a su absorción total por los mercados financieros, que no es más mercantilista sino que se ha vuelto mercadista, ya no hay para él capitalismo mercantil, como había durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, sino una lógica financiera sostenida en los discursos del marketing, para el cual la vida ya no vale nada, mientras vivir se torna imposible y absolutamente irrentable, demasiado cara la vida para seguir siendo digna, demasiado caro vivir, a menos que se acepte vivir sobreviviendo en condiciones de miseria. 
 Recuerda la aptitud del presidente, tomada por algunos periodistas e intelectuales del propio stablishment como infantil, a aquella particular promesa de campaña durante 2015 de que, cuando se equivocase, escucharía a los demás para corregirse a sí mismo. Sócrates y Confucio habrían admirado semejante aptitud, sino fuese que tal declaración habría de resultar ser falsa. En efecto, en sus Analectas, dice Confucio: «Un caballero que carece de gravedad no tiene autoridad y lo que ha aprendido es superficial. (...) Cuando comete una falta no tiene reparos en corregirla.» (Confucio, 1997, 1.8). Y en otra parte, dice: «En los asuntos del mundo, un caballero no tiene una posición predeterminada: adopta la posición que es justa.» (Confucio, 1997, 4.10). Sobre un discípulo que llevaba más dinero del que realmente necesitaba (arroz en la Antigua China), se dice que Confucio comentó: «Siempre he oído que un caballero ayuda a los necesitados, no que haga aún más ricos a los ricos.» (Confucio, 1997, 6.4). Incluso llegó a decir: «Un caballero debería avergonzarse si sus obras no están a la altura de sus palabras.» (Confucio, 1997, 14.27). Sí, es cierto que Confucio también justificaba al despotismo ilustrado y monárquico de su época, afirmando que los que ocuparan cargos públicos y en el gobierno central no tendrían que hacerlo por su nacimiento, sino por sus virtudes en el conocimiento, la benevolencia y el respeto a sus semejantes, al tiempo que estos siempre se hallarían, necesariamente, por encima del vulgo, pero lo que queremos recalcar aquí es la falsedad -o mala fe, si se admite que Macri declaró aquello en su campaña, es decir que realizó un acto declarativo y performativo, discursivo de habla- de la declaración del presidente, ya que un error es factible de ser corregido y quien se equivoca puede corregir su error sabiendo en qué se equivocó, y continuar adelante; Macri, en cambio, no se equivocó; su único error, quizás, sea el presentarse para ser reelecto, pero se trata de una mala táctica electoral, donde es la ineficacia de la acción la que se muestra errónea, no la buena o la mala fe de quien la realiza. Macri no se equivoca, vino a hacer "lo que hay que hacer", es decir, vino a representar con su voz y sus decretos, con sus declaraciones públicas y sus medidas, los intereses neoliberales, imperialistas y colonialistas de la élite que lo ayudó a llegar al poder. no es culpa de sus votantes, los cuales fueron sistemáticamente engañados en su mayor parte; al menos no de los votantes que lo votaron de buena fe; es responsabilidad de Macri y de todos los que colaboraron con él para que haya durado todo el tiempo que duró en el gobierno. Logró su efecto, ya que convenció a la suficiente cantidad de votantes de la población para que le dieran su voto, pero dichos votantes ignoraban la intención de Cambiemos, excepto por aquellos que, advertidos por los medios, intelectuales y partidos peronistas, de la izquierda o con memoria del 2001, que quedaron recortados de la ecuación del oficialismo.
Pero los límites -espacio-temporales, políticos, económicos y culturales- del neoliberalismo macrista también expresan los de otro ideal económico-político, a saber, el liberalismo clásico. Hay una disputa en el liberalismo contemporáneo desde la filosofía entre Rawls y Nozick; el primero aboga por un orden social liberal, sí, pero con un reparto equitativo -justicia social- de los recursos entre la población, junto con una normativa acorde con dicho orden social, mientras el segundo imagina que la asociación libre entre dos o más individuos, en cualquier época y lugar, daría paso a un liberalismo total, en el cual cualquier grupo de personas podría estar dispuesto a tomar cualquier decisión, ya que unos preferirían tomar determinado modelo económico o político, mientras otros no, etc. Por otra parte, y saltándose el ideal de Adan Smitz de una sociedad donde la mano invisible esté equilibrada con cierta solidaridad mutua entre los individuos, solidaridad que solamente podría darse de forma efectiva entre burgueses con el mismo nivel económico, ya que bien sabido es que, incluso entre dos personas que negocian el precio de un producto a ser empeñado, subastado o revendido en el mercado hay intereses en lucha, Carl Schmmmit criticaba al parlamentarismo liberal de su época, ya que el tiempo que se tarda en tomar una decisión a través de una cámara legislativa suele ser mucho más largo que el que lleva tomar decisiones por fuera, por lo cual los presidentes en el poder ejecutivo así como los dictadores y dirigentes totalitarios siempre han conseguido poner en práctica sus ideas y disposiciones antes que los congresos tuvieran el tiempo necesario para decidirse a apoyarlos o no. Macri no solamente no respeta a la oposición y se asegura de representar intereses de dominación sobre el pueblo argentino, resulta que también traiciona los principios liberales tras su propio partido, cuya posición liberal de origen le impediría precipitarse a declarar o decretar decisiones no aprobadas simultáneamente por el congreso nacional, así como sus nociones republicanas, porque vuelve inoperantes a las leyes, disponiendo en su lugar decretos excepcionales cuya única apariencia de tales se denota, apenas, en sus predicados discursivos, puro poder soberano y disciplinario.
El "único camino posible" que, según Cambiemos, nos permite "estar en el mundo" se prueba, así, no solo como falaz y antipopular, heredero de la última dictadura cívico-militar y títere de los intereses de instituciones como el FMI o la CIA, sino, además, como un mal camino, cruel y antidemocrático, que salva únicamente a sus promotores, los financistas y exportadores, mientras excluye y mata sistemáticamente al resto de la población. Un camino ante el cual alternativas como el peronismo nacional y popular, los movimientos social-libertarios, los partidos de la nueva izquierda o les intelectuales feministas y de otros grupos en defensa de la diversidad de los géneros, no puede ni conectarse, ni dialogar, mucho menos mantenerse en funcionamiento, a menos que ello implique su imposición forzada por encima de cualquier otra propuesta económica, política, jurídica, social y cultural de rasgos populares.
Si Franz Hinkelammert piensa al neoliberalismo de los 90 como un totalitarismo de mercado, en el caso macrista, como en otros de rasgos conservadores del resto de la región, algunos intelectuales de la centro izquierda y del peronismo -como Santiago Cúneo o Jorge Beinstein-, por ejemplo- coinciden en calificarlo de régimen mafioso que, a modo del nazismo y el stalinismo, como al de los líderes del narco contemporáneo, tiene en sus manos el control de una determinada población, extensible indefinidamente en el espacio y el tiempo según sus capacidades de dominio territorial. Hitler, por ejemplo, duplicó todos los ministerios y cargos diplomáticos durante el nazismo, por lo cual existían, simultáneamente, una embajada del Estado alemán y una embajada del partido nazi; Macri ha hecho esto una vez, con el ministerio de economía, el cual fue transformado en dos ocasiones, siendo ampliado a ministerio de economía y finanzas en la primera, con una tercera ampliación a ministerio de economía, finanzas y deportes de la nación, en la segunda. Su particular forma de desplazar funcionarios de ministerios a presidencias del Banco Central, sus notas y conferencias idénticas en su contenido, en las cuales la separación de la realidad y la producción sistemática de un relato ficcional para explicar la situación nacional del dólar y de la inflación, por mencionar solamente algunas de las decisiones del presidente y de sus allegados, son similares y hasta equivalentes a veces, con decisiones afines en los regímenes antes mencionados. El asesinato y desaparición forzada de Santiago Maldonado, así como la desacreditación de la complicidad con el Reino Unido en el hundimiento a punta de misil del Ara San Juan, la represión ya cotidiana y automática de la policía a las marchas populares, son formas en las que mecanismos de terrorismo de Estado resurgen como herramientas de legitimación de la violencia de un régimen en el cual capitalismo financiero, autoritarismo político y control mediático, persecución política, judicial y mediática a opositores, así como la insensivilización del gobierno nacional hacia los reclamos populares, se encarna lo peor de la antipolítica de la élite argentina. Aunque, si es cierto lo que algunos ya anuncian, de continuar las cosas como están, lo peor aún no ha llegado; una vieja frase de eslóganes de las promociones a Bariloche de otros tiempos nos viene a la mente: "no hay alegría sin dolor, y todavía falta lo mejor", que se transforma en la explicitación de un mensaje similar, oculto por el anterior, a saber: "ya no queda alegría sino dolor, y todavía falta lo peor".
Si denunciar lo que ocurre y a quienes ejercen los dispositivos de su legitimación ya no basta, la acción colectiva conjunta del pueblo, la oposición y los intelectuales populares es indispensable para articular la denuncia con la práctica del activismo social; teoría y acción ya no han de ser pensadas como fases de un pensamiento, sino que deben mostrarse como dos caras o modos del mismo impulso originario y creativo del pueblo, con su responsabilidad ciudadana en juego, para que no deje a la suerte de la buena fe su voto, sino que exija y obligue, como lo hace el contrato implícito de cualquier elección, al próximo gobierno, como lo hace con el actual, a que cumpla sus promesas y que, a su vez, haga cumplir en justicia de sus votantes las penas y procesos necesarios para retraer la deuda externa y devolverle a les argentines su capacidad de compra y poder adquisitivo, repuntando al país en su consumo interno, la reapertura de sus fábricas y el relanzamiento de sus industrias, así como del trabajo.
Bibliografía recomendada: la lista de títulos es incalculable, y no alcanzaría el breve espacio del que dispongo ahora -ni del tiempo- para anotarlos. Sin embargo, véanse, tentativamente, los siguientes: La sociedad excluyente y Debates latinoamericanos, de Maristella Svampa. El Estado burocrático autoritario de Guillermo O'Donnell, Socialismo, autoritarismo y democracia, de Alain Touraine y otros autores. De Roberto Esposito, Bíos. Biopolítica y filosofía, Inmunitas, y Comunitas. de Michel Foucault, Vigilar y castigar, El nacimiento de la biopolítica, El gobierno de sí y de los otros I y II, La verdad y las formas jurídicas, y Obrar mal, decir la verdad. De Giorgio Agamben y otros, Democracia en qué estado; del mismo autor, estado de excepción, El poder soberano y la nuda vida, Stasis: la guerra civil como paradigma político, Qué es un campo, y Qué es un dispositivo. De Judit Butler, Vida precaria. El poder del duelo y la violencia, Marcos de guerra: las vidas lloradas, Violencia de Estado, guerra, resistencia. Por una nueva política de la izquierda, y Cuerpos aliados y lucha política. Hacia una teoría performativa de la asamblea. Crítica de la víctima de Daniele Giglioli, Los orígenes del totalitarismo de Hannah Arendt, Horrorismo de Adriana Cavarero, Qué es un genocidio de martín Shaw, ESMA: Fenomenología de la desaparición de Claudio Martiniuk, Por que: La rápida agonía de la Argentina kirchnerista y la brutal eficacia de una nueva derecha, de José Natanson, Vida de perro: del 55 a macri. Conversaciones con Diego Schluart, de Horacio Vervitski. De Carl Schmitt, La dictadura, y El concepto de lo político. De Slavoj Zizek, Bienvenidos al desierto de lo real, Pedir lo imposible, Primero como tragedia, después como farsa, Problemas en el paraíso, y Viviendo en el final de los tiempos. De Ernesto Laclau, La razón populista, y Debates y combates. De Chantal Mouffe, El retorno de lo político, En torno a lo político, y La paradoja democrática. De Antonio negri y Michael Hardt, Imperio, Multitud. Guerra y democracia en la era del imperio; de Antonio Negri y otros, Diálogo sobre la globalización, la multitud y la experiencia argentina, y Guías. Cinco lecciones en torno a Imperio. De Atilio Borón, Estado, democracia y capitalismo en América Latina, Imperio e imperialismo, Socialismo siglo XXI. ¿Hay vida después del neoliberalismo?, y Tras el búho de Minerva. Historia mínima del neoliberalismo de Fernando Escalante Gonzalbo, Breve historia del neoliberalismo de David W. Harvey, Después del liberalismo de Immanuel Wallerstein, Filosofía política del poder mediático y Crítica del neoliberalismo de José Pablo Feinmann. De Franz J. Hinkelammert y Henry Mora Jiménez, Hacia una economía para la vida; de Franz J. Hinkelammert, Democracia y totalitarismo, Dialéctica del desarrollo desigual, Quieren el mercado total. El totalitarismo del mercado, Teología del mercado total, y La vida o el capital. El grito del sujeto vivo y corporal frente a la ley del mercado. De Enrique Dussel, 14 Tesis de ética, 16 Tesis de economía política, 20 Tesis sobre política, Filosofías del sur y descolonización, Hacia una filosofía política crítica, Política de la liberación I. Historia mundial y crítica, Política de la liberación II. La arquitectónica, y Seminario: El orden ontológico-político. Las dictaduras argentinas. Historia de una frustración nacional de Alejandro Horowitz, Macri: orígenes e instalación de una dictadura mafiosa de Jorge Beinstein, Endeudar y fugar: un análisis de la historia económica argentina de martínez de Hoz a Macri de Eduardo Basualdo, Golpe en Brasil de Varios Autores, Cadáver Exquisito de Agustina Bazterrica, El hombre rebelde y Escritos libertarios de Alber Camus. De Néstor García Canclini, Consumidores y ciudadanos, Culturas híbridas, Diferentes, desiguales y desconectados, El mundo entero como lugar extraño, Imaginarios urbanos, y La sociedad sin relato. De Rita Laura Segato, La crítica de la colonialidad en ocho ensayos y una antropología por demanda, La nación y sus otros, Las estructuras elementales de la violencia, y Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres. De Noam Chomsky, El nuevo humanismo militar, Estados fallidos, Miedo a la democracia, y con Michel Foucault, Justicia VS. poder: un debate. De Tzvetan Todorov, El nuevo desorden mundial, La conquista de América, La experiencia totalitaria, y Los enemigos íntimos de la democracia. De Achille Mbembe, Crítica de la razón negra, y Necropolítica. De la necropolítica neoliberal a la empatía radical, de Clara Valverde Jesaell, La intimidad como espectáculo y ¿Redes o paredes? La escuela en tiempos de dispersión, de Paula Sibilia, Crisis y utopía en el siglo XXI 
de Félix Rodrigo Mora, El Estado en la historia de Gastón Leval, El nacimiento del Estado de Quentin Skinner. De Pierre Bourdieu, Campo de poder, campo intelectual, Intervenciones políticas, Sobre el Estado, y Sobre la televisión. De Zigmunt Bauman, Retrotopía, En busca de la política, Extraños llamando a la puerta, La globalización. Consecuencias humanas, Miedo líquido, Modernidad líquida, Trabajo, consumismo y nuevos pobres, Vida de consumo, Vida líquida, Vidas desperdiciadas, con David Lyon, Vigilancia líquida, y con Leónidas Donskis, Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. Pueblos expuestos, pueblos figurantes de Georges Didi-Huberman, Qué es un pueblo de Varios Autores. De Gilles Deleuze, Derrames entre el capitalismo y la esquizofrenia, y con Félix Guattari , Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Del propio Félix Guattari, La ciudad subjetiva y postmediática. La polis reinventada, Generación postalfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo, y La fábrica de la infelicidad. Nuevas formas de trabajo y movimiento global, de Franco Bifo Berardi . Crédito a muerte. La descomposición del capitalismo y sus críticos, de Anselm Jappe , La vida administrada: sobre el naufragio social de Juanma Agulles. De Gilles Lipovetsky, La sociedad de la decepción, Los tiempos hipermodernos, con Elvette Roix, El lujo eterno, con Herve Juvin, El occidente globalizado, y con Jean Serroy, La pantalla global. Decir no no basta de Naomi Klein, Planeta de ciudades miseria de Mike Davis, El hambre por Martín Caparrós, La derrota y la esperanza de Horacio González, Qué es el peronismo, de Alejandro Grimson, Fuerza de ley de Jacques Derrida, Para una crítica de la violencia y otros ensayos de Walter Benjamin, Populismo y psicoanálisis de Nora Merlín, Psicoanálisis extramuros de Silvia Bleichmar, Orizontes neoliberales en la subjetividad y Lacan en las lógicas de la emancipación, de Jorge Alemán, Escritos a contrapelo y Escritos contra teclado de Carlos Solero, Masa y poder de Elías Canetty, La silenciosa conquista china de Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, China: el imperio de las mentiras de Guy Sorman, La China de Mao y después de Maurice Meisner, China. Una nueva historia, por John King Fairbank, China. El despertar del dragón de Julio Díaz Vázquez , China: una revolución en agonía de Róbinson Rojas, China irrumpe en Latinoamérica: ¿dragón o panda? de Alfredo Jalife-Rahme, Economía para el 99% de la población y Qué fue del buen samaritano. Naciones ricas, políticas pobres, de Ha-Joon Chang, El capital en el siglo XXI, La crisis del capital en el siglo XXI y La economía de las desigualdades, de Thomas Piketty, entre otros.

lunes, 25 de febrero de 2019

Venezuela en crisis: un caso de estado de excepción en América Latina

"Íbamos camino a ser Venezuela", decían Mauricio Macri y sus agentes de marketing desde Cambiemos previamente a las elecciones presidenciales de 2015. La situación de crisis económica generalizada en aquel país hermano de nuestro continente es ya para todos bien conocida desde hace cierto tiempo: salarios bajísimos, crisis alimentaria, presos políticos, entre otras cosas.
Pero ¿cómo abordar la cuestión Venezuela en el actual contexto de retorno de los regímenes neoliberales en la región? Con excepción de Bolivia y México, y con los casos extremos de conservadurismo -populista racista y neofascista- en los Estados Unidos con Trump y Bolsonaro en Brasil, desde el sur al norte del continente, vivimos un momento de crisis económica y política de difícil diagnóstico. Si se acusa al gobierno venezolano de Nicolás maduro de autoritario y dictatorial, no menos interesante resulta observar que similares acusaciones por parte de amplios sectores de la intelectualidad y los movimientos sociales, también aquí en Argentina, como en Brasil, por ejemplo, se arrojan a los presidentes de dichos países, aún considerando que todos ellos han sido elegidos democráticamente en elecciones nacionales, pero reconociendo, extraoficialmente, que en cada uno de sus mandatos la persecución política así como la crisis económica afectan en diversa medida a sus poblaciones. Atengámonos aquí, por ahora, sólo al caso de Venezuela.
Afirmamos más arriba que sabemos qué sucede en Venezuela: crisis alimentaria, prisión de opositores políticos... Pero si retomamos la anterior aseveración ya no como tal, sino como interrogante, es decir: ¿sabemos qué sucede en Venezuela? Lo cierto es que pronto nos vemos obligados a admitir que sólo sabemos de lo que allí acontece por acotadas e interesadas informaciones periodísticas, sesgadas y monitoreadas por lupas ideológicas estrechas en las más de las veces. Así por ejemplo, si nos ceñimos a las informaciones que medios como TN o la Nación nos dicen, podríamos pensar que, según el opositor autoproclamado presidente provisional del país Guaidó, en efecto la "ayuda humanitaria" ha llegado a destino; en cambio, si nos aferramos a lo que otros medios de la talla de Telesur o C5N nos dicen, apoyando al gobierno constitucional de Maduro, y en contra de la intervención estadounidense, la "ayuda humanitaria" es un nombre clave para llamar de otra manera a la "ocupación militar" junto con el "bloqueo económico", así como que dichos "ocupación" y "bloqueo" no han tenido lugar. ¿A quién de las partes creer que dice la verdad? Y, estando en contra tanto del intervencionismo exterior como de la persecución y prisión de opositores políticos, ¿de qué lado posicionarse? ¿Es mejor ofrecer y aceptar una -real o falsa- "ayuda humanitaria" o rechazar de plano toda posible "ayuda" que no venga del interior, y simplemente apoyar y contener la opinión oficialista del presidente venezolano? En otras palabras, ¿cómo oponerse tanto a la postura intervencionista como a la oficialista, sin perder de vista una necesaria colavoración para el pueblo venezolano y una necesaria autocrítica por parte del gobierno venezolano, sin que tal colaboración suponga una forma de someter a intereses extranjeros al primero o sin ser asimilado sin más al segundo?
Antes de tomar una postura al respecto, pasemos bajo una nueva lupa interpretativa a semejante problemática, y según sus resultados, adoptemos alguna que incluya además la crítica seria y comprometida con la situación real del pueblo venezolano así como con su gobierno. Estamos hablando de lo que Giorgio Agamben nos dice en su obra, Estado de excepción, sobre la suspensión del estado de derecho durante las dos Guerras Mundiales y sus regímenes concomitantes que, inscribiéndose ideológicamente ya sea desde los nombres de democracia liberal o comunismo, encarnaron, en su mayor parte, regímenes que suspendían derechos y libertades. Releyendo la Tesis 8 de las de Filosofía de la historia de Walter Benjamin, que comienza diciendo: "La tradición de los oprimidos nos enseña que la regla es el «estado de excepción» en el que vivimos." (Benjamin, 1989, p.180). Y recordando que el autor escribía estas palabras durante su exilio del régimen nazzi, Agamben considera que el momento actual de la política occidental es el estado de excepción: no un simple estado de emergencia, de necesidad o de sitio, tampoco una ley marcial; el estado de excepción los engloba a todos ellos, pero además implica que el estado de derecho ya no existe más, sino que el mismo ha sido suspendido, y que en su lugar el poder soberano del Estado gubernamental ha reemplazado al derecho efectivo por el discurso del derecho, donde actos extrajurídicos o parajurídicos son justificados y ejecutados como si fueran de derecho, ya que el derecho se suspende en hecho, al tiempo que el hecho se vuelve derecho.
Lo anterior nos recuerda, de alguna forma, la teoría imaginaria de la política de Trasímaco, el sofista de la República de Platón, que sugería que la ley que debía regir en cada ciudad fuera la del más fuerte. También nos recuerda al Leviatán de Hobbes, en el cual el autor sugiere una teoría para explicar el surgimiento del Estado moderno filosóficamente -no históricamente, ya que utiliza una metáfora-, ofreciendo un estado de naturaleza previo al estado civil, en el cual existe una guerra latente -y real- de todos contra todos, y para detenerla, los hombres habrían acordado ceder a un único soberano, el poder para organizar la sociedad en un orden que acabe con dicha guerra total, al tiempo que tal soberano -absoluto y monárquico- está por encima de las leyes que regirían para todos sus súbditos.
Rebisando la historia antigua, Agamben sugiere como antecedentes del moderno estado de excepción dos instituciones, que no explicaremos detalladamente aquí, pero que hemos de mencionar, a saber: la stasis griega (cuya traducción aproximada sería conflicto), y el yustitium romano (detención del derecho). Para hablar de la guerra civil, un pasaje del Menéxeno platónico, refiriéndose a la stasis que separó a los ciudadanos de Atenas en el año 404 A.C. Platón utiliza el oxímoron "guerra familiar" (oikeios pólemos); "pólemos designa de hecho la guerra externa y se refiere, como Platón escribirá en la República (470c), a lo allótrion kai othneion [ajeno y extranjero], mientras que para lo oikéion kai syggenés [familiar y pariente], el término apropiado es stásis." (Agamben, 2017, pp.16-17). Indica Agamben que Stasis designa "el acto de levantarse, de estar firmemente en pie [stasimós es el punto de la tragedia en el cual el coro se detiene, permanece en pie, y habla; stes es aquel que pronuncia de pie el juramento]." (Agamben, 2017, p.23). Por otro lado, el yustitium romano era una disposición extraordinaria del senado de la República Romana, el cual se aplicaba durante situaciones de emergencia después de una guerra civil o externa; "Cuando llegaba la noticia de una situación que ponía en peligro a la República, el senado emitía un senatus consultum ultimum, con el cual se les pedía a los cónsules (o a aquellos que hacían las veces de ellos en Roma, interrex o procónsules) y en algunos casos inclusive al pretor y a los tribunos de la plebe y, en el límite, a cada ciudadano, que tomaran cualquier medida que se considerase necesaria para la salvación del Estado (...). Este senadoconsulto tenía en su base un decreto que declaraba el tumultus (la situación de emergencia que en Roma advenía luego de una guerra externa, una insurrección o una guerra civil) y daba lugar usualmente a la proclamación de un iustitium" (Agamben, 2005, pp.85-86). Y dice a continuación: "El término iustitium -construido del mismo modo que solstitium- significa literalmente "interrupción, suspensión del derecho": quando ius stat -explican desde la etimología los gramáticos- sicut solstitium dicitur (iustitium se dice cuando el derecho está detenido, como [el sol en] el solsticio); o bien, en las palabras de Aulo Gelio, inris quasi interstitio quadam et cessatio (casi un intervalo y una especie de cesación del derecho). Él implicaba, de este modo, una suspensión no simplemente de la administración de justicia, sino del derecho como tal." (Agamben, 2005, p.86).
Agamben señala en otra parte -tanto en Stasis como en Estado de excepción-, que no se trata de un poder absoluto por parte del Estado ejecutado por el gobierno, sino de un vacío jurídico, de una anomia que escapa al derecho mismo que intenta capturarla; es un campo en el cual coexisten a la vez dos dispositivos, la ley constitucional, con todos sus tratados internacionales, códigos específicos internos, etc., y los decretos del poder ejecutivo, y en el cual la primera se transforma en una pura forma de ley, es decir en un dispositivo jurídico que está vigente sin ser realmente aplicado, mientras el decreto se vuelve la auténtica fuerza de ley, que se aplica sin formar necesariamente parte de la ley vigente. Es lo que ocurre por ejemplo en la Argentina, con la persecución mediática, judicial y política; la división tradicional en tres poderes queda disuelta al ser absorbidos todos ellos por el poder ejecutivo, que pasa de simplemente ejecutar el gobierno a arrogarse las funciones de hacer leyes y de juzgar las acciones.
Habla asimismo el autor italiano de guerra civil mundial: estando Venezuela comprendido como un país en un continente donde la ONU ha declarado zona de paz y fraternidad entre las naciones, sigue vigente la Carta de las Naciones Unidas, pero al tiempo que suspendida en su aplicación real, disponiendo en su lugar acciones ilegales e ilegítimas que permitirían una ocupación militar y un bloqueo económico exterior. Como en una guerra -el embajador de Venezuela ante la OEA ha hablado de guerra de desgaste-, no es posible no tomar una posición. O bien se está a favor del bloqueo y de la intervención económico-militar, como ya lo han dejado claro explícitamente Macri y Bolsonaro, o bien en contra de tales pero a favor del gobierno constitucional de Maduro. No se ha posibilitado un diálogo, como querían que creyésemos los agentes mediáticos del imperio estadounidense, porque semejante diálogo habría implicado suspender el juicio apresurado y no tomar postura a favor o en contra de las partes sin presentar primero alternativas democráticas y sostenibles tanto para el sistema jurídico como para el pueblo venezolanos; para los defensores del intervencionismo o bien se hace necesaria tal intervención, porque ya decidieron de antemano y sin consulta ni referéndum popular alguno al pueblo venezolano, que el gobierno actual en su país es antidemocrático y autoritario, o bien se hace necesaria tal intervención, porque el pueblo sufre una crisis económica y alimentaria irresoluble por un gobierno democráticamente elegido y colocado por él mismo; es decir, que para ellos sólo es posible y necesario intervenir exteriormente en el interior de un país ajeno a las decisiones de gobiernos exteriores a la propia república venezolana. ¡Qué contradicción para las democracias latinoamericanas, suspender militar y antipopular y antidemocráticamente a Venezuela para que continúe vigente la misma democracia venezolana!
Ya lo señaló el embajador de Venezuela en la OEA: se trata de una farsa, de un robo y de una actuación ilegal, que de llevarse a cabo, sin la aprobación tanto del pueblo y del derecho venezolanos, como de la junta de la firma de veinticuatro miembros de la Organización, violaría la ley. Él dijo entonces que Trump y sus colaboradores embargaron todas las refinerías de petróleo del país, robando treinta mil millones de dólares en una sola semana, y que estarían dispuestos a devolver el 1% en una supuesta "ayuda humanitaria", que a la vez viola derechos humanos. Constituiría un atentado al gobierno, al pueblo y a los derechos humanos de Venezuela, porque no se trata de recibir o de rechazar ayuda otorgada por organizaciones no gubernamentales con el permiso del país receptor, que es el único capaz de decidir aceptar o rechazar tal ayuda, sino de una entrega de armas y ayuda militar a Guaidó, como ya lo demostraron el uso de la frontera colombiana con Venezuela para un "recital benéfico" promocionado por un rico empresario británico, que quería introducir un barco de guerra británico en aguas venezolanas, el envío de fuerzas militares estadounidenses a dichas fronteras, o el explícito apoyo del presidente de Colombia a la intervención, sin el cual su frontera no hubiera sido utilizada con tales fines nefastos para las relaciones entre ambos países.
Si Venezuela efectivamente necesita ayuda exterior e interior, no creemos que sea "humanitaria" una ayuda que sólo puede ser militar y que no está dirigida a sostener provisionalmente al pueblo venezolano en su momento de mayor crisis económica y alimentaria, sino a sostener, en cambio, a las fuerzas ilegales e ilegítimas de Guaidó, quien comparte ideas con Leopoldo  López, preso político así como anterior jefe de la derecha venezolana y quien llamara a las armas y al golpe de Estado contra Chávez en su día.
Si estamos en contra de la militarización del pueblo venezolano así como de muchas de las decisiones y actuaciones de Maduro, en la misma medida nos oponemos a la intervención militar y al bloqueo económico del país por parte de los Estados Unidos, cuyo presidente Trump no se cansa de buscar el conflicto y la ocupación que aún no ha podido realizar. Podemos hablar y opinar a favor o en contra del gobierno de Maduro, como nos oponemos al de Macri, pero si podemos darle un estatus jurídico que respalde y corresponda en su campo a la decisión ético-política aquí en nuestro país, ello es porque somos ciudadanos argentinos, y porque habitamos y conocemos esta realidad inmediata y mediatamente, desde el interior de la Argentina; pero no podemos darle el mismo respaldo jurídico a una decisión ético-política sobre un país del cual no formamos parte, el cual no habitamos, ni como ciudadanos ni como pueblo, y en el cual el derecho de nuestro país no puede entrar ni aplicarse, porque cada país por sí mismo constituye, con todas sus partes -Estado, ciudadanía y territorio, pueblo y gobierno-, su propio soberano. Sólo con motivos de guerra, los cuales de ser explicitados causarían manifiesta indignación entre la mayoría de la ciudadanía argentina, pueden personajes como Trump, Macri o Bolsonaro, pretender intervenir un país que no les compete. Estados Unidos sabe que es ser un imperio en América latina, como tiene como país satélite y colonia a Puerto Rico, y sólo los imperios, que someten bajo sus jurisdicciones a las colonias que conquistan, pueden creer y querer asimilar a sus sistemas jurídicos a un país que no se somete a sus disposiciones económicas y políticas de forma sumisa y pacífica, como ya lo hicieran Argentina, Chile o Brasil, desde el retorno conservador en la región. pero además, quiere someter a sus criterios discrecionales y excepcionales a todo un pueblo, para desauciarlo, como ya lo demuestra desde que amenazara al mercado internacional del petróleo con cerrar el suyo a países como la India, para que no compre petróleo a Venezuela, así puede someter a la miseria y al sufrimiento a un país que, sólo porque dice que no a una potencia imperialista que difunde por todo el planeta la nueva esclavitud económica al FMI y al Banco Mundial, es vilipendiado por todos, desde todas partes, desde dentro y desde fuera, para precipitar su derrumbe, ya sea abriendo elecciones prematuras o habilitando una directa invasión armada.
Notas: Véanse las siguientes obras de Giorgio Agamben: Estado de excepción. Homo Sacer II, Traducción de Flavia Costa e Ivana Costa, Introducción y entrevista de Flavia Costa, Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora, 2005. Stasis: la guerra civil como paradigma político, Traducción de Rodrigo Molina-Zavalía, Revisión de Flavia Costa, Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora, 2017. Véase también la conferencia dada por el embajador ante la OEA por Venezuela, en https://drive.google.com/file/d/15zQt8E-g5BOwdbjPoYZjSYOpwd1CgoNv/view.

jueves, 30 de agosto de 2018

Por una educación pública, popular y rebelde

Con un dólar que superó hoy los 40 pesos, con las mayorías populares en las calles, y con un país en crisis económica masiva, el gobierno nacional enfrenta hoy graves problemas de legitimidad.
Recordemos: 100 años de la reforma universitaria de Córdova, 50 del Mayo Francés. No son acontecimientos menores, ya que hoy una gran parte de la población nacional salió a las calles para manifestarse, entre otras cosas, contra el ajuste económico, la desfinanciación de la educación pública, el acuerdo con el FMI, la represión policial, la persecución política a opositores, etc.
El régimen neoliberal, con su particular articulación de los poderes de dominación de los que hablaba en su día Foucault -el poder soberano, el disciplinario y el de control-, que utiliza un discurso jurídico para legitimar sus acciones parajurídicas, porque el poder soberano no responde ya más a un hipotético estado de derecho, sino sólo al discurso del derecho que, en manos del gobierno oficial, blinda con argumentos falaces sus verdaderas intenciones: acabar con esa otra soberanía que, no siendo la ejercida por el gobierno sino por el pueblo, quiere ceder a los imperios del mundo -China, Gran Bretaña o los Estados Unidos-, con sus diferentes bases secretas: en las Malvinas, en Baca Muerta, mientras un ejército israelí vigila a potenciales poblaciones peligrosas en el sur argentino. Un gobierno que creó una empresa off-shore con fondos del ANSES, que mandó a la muerte a cuarenta y cuatro tripulantes del submarino Ara San Juan, que ocultó y evitó un posible rescate de los mismos, que habrían sido eliminados por un misil británico cerca de las Malvinas. También es un gobierno neoliberal que semeja un régimen totalitario, ya que con sus simulacros democráticos -no suspende ley alguna, ni la constitución, ni el congreso-, oculta pero a la vez ejerce, persecuciones y amedrentamientos policiales, encarcela y detiene preventivamente sin juicio, crea campos de escepción, aquellos que, expulsando soberanamente a ciertos sujetos -como los pueblos indígenas- del territorio nacional en términos jurídicos, permite su persecución, asesinato y desaparición; no se trata simplemente de considerar delincuentes a algunos opositores, sino de considerar a todo potencial opositor como sujeto sospechoso, peligroso, que no es que pueda ser colocado al interior de las leyes de la misma sociedad que lo amedrenta, sino que, en términos de expulsado, es como si estuviera fuera de la ley, y por eso el gobierno se cree en la legitimidad del uso indiscriminado de la fuerza. No por nada, cuando en su momento se reencarceló a Facundo jones Huala, se lo trató, como se lo había tratado desde un principio, como un extrangero, y mientras se lo confina sin un proceso justo, sin defensa legítima, por fuera jueces y gobernantes intentan forzar su extradición a Chile. Sí las comunidades mapuches, aún formando parte y habitando el mismo suelo del país, son consideradas como no-argentinas, como absolutamente distintas, el gobierno puede legitimar, aún ilegalmente, discrecionalmente, decretando a través aunque por encima de la constitución y de todo código legal, el uso de la fuerza, y allí donde se deja abierto el camino a la ausencia de toda norma, la norma mayor de que no hay norma alguna es la norma; la ley del más fuerte se impone como la ley legítima, y en vez de respetar, interpelando, los derechos consuetudinarios de dichas comunidades, el gobierno nacional y local utiliza todos sus recursos disponibles -gendarmería, policía, medios hegemónicos de comunicación- para intentar invisibilizar, en su virtual desaparición, a los sujetos y comunidades que ellos mismos consideran indeseables.
Todo en vía de desaparecer: políticos, trabajadores, sindicalistas, estudiantes y docentes, ancianos, jóvenes, adolescentes, mujeres y hombres, empobrecidos y clases medias, indígenas, ciudadanos; una política del socavamiento total de cualquier política, que violenta cualquier diálogo, que imposibilita cualquier intercambio que no sea legitimador del poder dominante, ése que dice ser democrático porque "cede la palabra", cuando la esencia de cualquier materialidad democrática debiera ser, en cambio, ejercer la propia palabra consciente de la igualdad de las de los y las demás. Discutir ya no solamente con sujetos diversos, sino también, y especialmente, como prefería pensarlo Hannah Arendt, con una pluralidad de realidades. En cambio, es como si asistiéramos a una nueva manera de hacer política, que es inversamente proporcional a la voluntad política: a menor acción, a menor disensión, a menor intervención, mayor violencia y mayor persecución. Como Daniele Giglioli nos advirtiera en su ensayo, Crítica de la víctima, la mitología victimista, esa que disfraza de víctimas imaginarias a victimarios reales, desacredita cualquier acción, porque la única acción que admitiría como posible sería la indeseable que los mismos perpetradores, inconfesadamente, aplican y sueñan con seguir aplicando: el daño, la violencia, la destrucción; sólo queda como legítima acción la consecuencia del daño, el padecimiento del dolor, y así es mejor no actuar, porque en adelante todo aquel que actúe, que ose hablar, que ose intervenir en el mundo público, o bien será una víctima, o bien un victimario: los verdaderos victimarios se confunden así con sus víctimas, y los sectores más atacados quedan catalogados, cuando responden, como otros tantos victimarios, como si el manifestarse en contra de la opinión oficial constituyera un crimen, como si todo aquel que no acata sumisamente la orden de ovedecer al tirano fuera, por sus convicciones irracionales y no consiliadoras, un sujeto violento, que es imprescindible convatir y, de ser necesario, matar y desaparecer.
100 años de una reforma universitaria, que tuvo alcances latinoamericanos, continentales: un continente que sigue sufriendo las derrotas de sus fuerzas populares a manos de los regímenes neoliberales; 50 años de una revuelta, la que en mayo de 1968, conectara estudiantes, trabajadores y ciudadanía en general, en la búsqueda de mayores libertades y derechos, en contra de tiranías y dictaduras, por la emancipación global en lo sexual, lo económico y lo cultural. Pues bien, ¿por qué no recuperar, reivindicar incluso, todas aquellas banderas? En el caso de la reforma universitaria de 1918, los estudiantes se manifestaban en todo el país por la autonomía universitaria, el cogobierno de las instituciones, la gratuidad y laicidad universitarias, y la apertura popular de las universidades, permitiendo el acceso y la educación de las mayorías empobrecidas o en vías de serlo de la población. También es cierto que, junto a aquellas reivindicaciones de una universidad popular y reformista, muchos estudiantes pedían una universidad revolucionaria, acompañada por una revolución social total. Pero a la vez necesitamos y deseamos universidades, colegios y escuelas, en todos los grados de la educación pública, que sean rebeldes, que sepan decir no a las injusticias, y levantarse contra las cadenas de un sistema capitalista, patriarcal y financiero, que nos supone mercancías, que dispone el valor de nuestras vidas y de nuestros deseos y bienes con la balanza del mercado mundial, buscando no ya solamente la mercantilización, sino también la mercadización del mundo y de lo humano, en un mercadeo de derechos y de soberanías, como si la dignidad y las necesidades básicos fueran negociables, como pretende Macri que la soberanía nacional, las Malvinas y el resto de los recursos naturales nacionales sean negociables para con los imperios extrangeros. Recursos que son también realidades, ya que estos agentes de finanzas globales ignoran por completo tanto el derecho de las comunidades que habitan los suelos nacionales como los derechos de esos mismos ecosistemas, los derechos de la naturaleza y del mediohambiente, que están a medias contemplados constitucionalmente como derechos de tercera generación, en relación a los derechos humanos a la salud o a un mediohambiente sano. no es que los animales o la naturaleza sean esencias separadas -aún si fueran autónomas- de las realidades humanas, pero al estar en contacto permanente con lo humano, debiera considerárseles con sus propios derechos, ya que todo lo que tocamos, nosotros que tenemos derechos, debiera, por tanto, adquirirlo al instante de haber caído bajo nuestros pies y manos, nuestros ojos y nuestras instituciones.
En alguna época pasada, hubo un singular debate metafísico, ya que los filósofos no se ponían de acuerdo con qué era aquello que el ser humano había traído como singularidad de su condición: las ideas, la razón, el bien, el mal, el conflicto, etc. Heidegger, por ejemplo, afirmaba que el ser humano había traído al mundo el ser; Sartre, en cambio, decía que fue la nada. Pero Albert Camus, contra ellos aunque en su misma línea, llegó a admitir que lo que el ser humano trajo al mundo fue la contradicción, su condición de rebeldía, su naturaleza que siempre se niega a ser algo que hay previo, lo que es o está preestablecido, así como no renuncia a su realidad y a sus congéneres, de modo en que no se arroja a la nada. Para evitar caer en los vicios burgueses del capitalismo, que según el autor francés llevaron a la humanidad a cometer los peores crímenes -exterminios masivos en todo el planeta, persecuciones, matanzas, etc.-, que convirtieron las aspiraciones totalitarias del nazismo y el stalinismo en sistemáticos suicidios colectivos -que tanto matan a sus semejantes como a sí mismos-, que habrían podido afirmar que "existimos solos", él quería que afirmásemos otro principio, casi cartesiano, rebelde: "me rebelo, entonces nosotros somos". El neoliberalismo, como un nuevo tipo de totalitarismo, más moderado, cuya herramienta letal no es tanto la policía secreta como el mercado y los instrumentos financieros, implica, me parece, esa nueva manera de hacer política que, en sus intenciones de invisibilizarlo todo, activa la vitalidad de una desfantocracia -un poder del desaparecer para evitar comparecer-, en sus ancias de dominación, desaparición y destrucción totales del mundo, de los seres humanos y de sus tiempos y espacios públicos, privados y cotidianos. El totalitarismo neoliberal, como nuevo criterio de formador de subjetividad -la de los sujetos emprendedores-, así como destructor de las soberanías tradicionales, que retira al Estado y sus herramientas de salvación de derechos y libertades democráticos, que arroja a todos a la arbitrariedad de una lucha interminable por la supervivencia del más fuerte, pretende una absorción total de lo humano que, si antes sólo era posible parcialmente para los regímenes totalitarios ya desmantelados en el siglo XX -nazismo, stalinismo, o los autoritarismos del franquismo, los despotismos totalitarios orientales de Corea del Norte o de la China comunista postmaoísta, así como las dictaduras latinoamericanas de los años 70 y 80-, mediante cierta fabricación de la soledad absoluta, en el aislamiento de los campos de concentración y de exterminio, ahora se vuelve más posible y amplia desde los mecanismos neoliberales, porque desde la irrupción postmoderna del tiempo total, del presente absoluto y del "no hay tiempo", o del "se acaba el tiempo", incluso del "el tiempo es dinero", son los gobiernos neoliberales los que, con sus extremismos y gradualismos, economías de shock o de competencia masiva, se han apropiado de ese último resquicio democrático del tiempo, que los gobiernos como los de Macri o Temer, gestionan los tiempos, limitan los tiempos de vencimiento de deuda, endeudan al infinito sus democracias (cuando el presidente Macri dice que "estamos creciendo", la conjugación de las oraciones en los tiempos presente y futuro plurales de la primera persona, al indicar un "nosotros", en realidad habla para algunos, que no son todos los habitantes argentinos, sino que son los ricos y poderosos del empresariado nacional, pero que es fundamental que abarque a todos en sus pretenciones discursivas, aparentando hablar a todos). SI en un par de meses se adelantan las elecciones nacionales, presa o no Cristina Fernández, ello seguirá indicando la manipulación de Cambiemos del tiempo político -el cambio permanente es otro indicador adicional de un rasgo totalitario en el partido oficialista nacional-, y sólo una eficaz y responsable organización, articulación y reempoderamiento hegemónico de los sentidos populares en ese entonces, posibilitará a la oposición ganar elecciones sin olvidar sus debates abiertos con las pluralidades del resto de la población, reabriendo el espacio público para la legitimación de otros discursos que permitan deconstruir la ya vieja "grieta" nacional, para revisar y rearmar las tramas y redes ciudadanas. No bastará cancelar la nueva deuda externa, normalizar las tarifas o procesar a los perpetradores, ni siquiera recuperando las provincias en manos del peronismo o la izquierda, dialogando además con aquellos movimientos sociales y varriales de corte libertario -por ejemplo-, sino que faltará también saber actualizar las nuevas luchas discursivas, que implican hoy, por poner un ejemplo, el debate de la legalización del aborto.
Hay que repolitizar los espacios públicos, las instituciones educativas en todos los niveles, las conversaciones más íntimas; también hay que continuar reconociendo los rasgos sociales, radicales y emancipatorios de las luchas populares. Hay que hacer que reaparezca el ser del pueblo, individual, social, político y latinoamericano, para que los usurpadores del poder de turno no puedan evitar comparecer ni ser procesados debidamente por una nueva justicia, por nuevos jueces y mejores legisladores, para que no se le vuelva a permitir a nadie, fácilmente, arrancar al ser y matarlo en cada persona, en cada sector social empobrecido, destruir los derechos y las garantías adquiridos, violar las leyes básicas, desaparecer a nadie bajo ningún concepto al colocarse ellos en los lugares de poder real.

sábado, 9 de junio de 2018

Caminos de la imaginación

De Platón a Freud, con pocas escepciones, la noción de lo imaginario y de sus términos relacionados -imagen, imaginación-, han estado marcados por formas específicas de responder a una explicación propia del mundo, a una teoría o a una estrategia de análisis. En Platón, la imaginación es el estadio más bajo en el camino del conocimiento, que va en ascenso desde las imágenes, pasa por el discurso, llega luego a la matemática y, finalmente, asciende a la dialéctica. En Hume, las ideas se reducen a impresiones o imágenes que se reproducen en la mente humana, concebida por el inglés como una tabula rasa, como un pizarrón vacío que se llena de imágenes del mundo que la mente va fusionando para responder a sus inquietudes; en Spinoza, igual que en Pascal, la imaginación es la facultad mental que sirve para inventar cosas irreales; para Kant, las imágenes son representaciones sensibles de las cosas espaciales; y en Freud, las fantasías son representaciones inconscientes que, a modo de símbolos elavorados, en los sueños o en la vida consciente, cifran un contenido latente o reprimido. Hay empero otras interpretaciones o concepciones de lo que sean la imaginación y las imágenes. Para los contemporáneos de Homero, creemos que las imágenes eran manifestaciones de los designios divinos; para los presocráticos, eran manifestaciones de principios primordiales de la naturaleza o phisis, como el agua en el caso de Thales, que era una manifestación de la humedad, o el fuego, como una apariencia del cambiante designio del Logos, en Heráclito. Para personajes como Agustín de Hipona, las imágenes eran un primer momento de iluminación, en el camino interno hacia el conocimiento de Dios, en una infinita búsqueda por lo sobrenatural, en la memoria y en las ideas divinas, en el cual la observación exterior de los cuerpos físicos es el primer paso; para el singular filósofo que fue Walter Benjamin, los recuerdos, imágenes psíquicas, acuden a la memoria expontáneamente, en constelaciones, y así con la observación de un paisaje, de una fotografía o de un cuadro, puede surgir, expontáneamente en la memoria, una imagen que nos revele un conocimiento auténtico, mesiánico, inspirado quizá por la visión previa a la constelación. Finalmente, el último autor occidental que creemos pensó en la imaginación de un modo profundo, fue C. G. Jung; el discípulo famoso de Freud, que se separó del psicoanálisis freudiano considerando, por ejemplo, que la livido o energía psíquica no podía ser solamente sexual, que hay dos inconscientes, uno personal, individual, y otro colectivo, universal y que compartimos con todos los demás seres humanos, desarrolló explicaciones originales para hablar de los trastornos psíquicos, y cambió el universalismo mecanicista y sexual de su maestro, que creía ver en todas las cosas creadas por el hombre desplazamientos de zonas herógenas -según Freud, el símbolo universal para el hombre es el falo, masculino, y en todo objeto con forma fálica, creía ver un desplazamiento lividinal del primer objeto del niño y de la masturvación-, por una especie de universalismo simbólico, desarrollando la noción de arquetipo, símbolos colectivos de la humanidad -ánimo es para Jung el arquetipo de la masculinidad, ánima el de la feminidad, Cristo el de la auténtica individualidad, el sí mismo, etc.-, y los sueños para el psicólogo suizo no son códigos que hay que descifrar, sino símbolos que hay que leer, imágenes energéticas que, según cada persona y cada experiencia personal en sueños, patologías o visiones, le quieren decir algo a la persona que los tiene, aunque su ignorancia del mecanismo inconsciente o su reticencia del sentido inconsciente de ese mensaje, la persona sufre y por eso se trastorna; para Jung, la tarea del analista no es, como para Freud, volver conscientes los contenidos reprimidos, sino leer los símbolos de la persona en análisis, haciéndola consciente de sus significados profundos, y conectar así su inconsciente personal con su inconsciente colectivo mediante el análisis, para que el analizando desarrolle su auténtica personalidad inconsciente, su sí mismo, y adquiera su verdadero yo.
Aún entonces, no me parece que ninguna de estas concepciones de lo imaginario sea adecuada; la imaginación, me parece, tiene otros caminos, igual de enrredados, pero con fines distintos. Sólo Benjamin y Jung han llegado, me parece, a una concepción tan profunda de lo imaginario, aunque creo que distan de ser completas o alcanzar para comprender qué sea la imaginación, en un mundo contemporáneo que ya no cuenta con sistemas totales de pensamiento para comprenderse a sí mismo, ni posee ya creencias absolutas en religiones tradicionales en las que pueda depositar el ser humano todas sus espectativas.
Desde Aristóteles hasta Hegel, la filosofía decimonónica concibió al ser humano como un ser de razón, como un "animal racional". En cambio, nosotros concebimos al hombre como un ser de imaginación; y las imágenes, por otra parte, son fundamentales para su comprensión del mundo en el que vive. Dos dimensiones conjuntas componen al ser humano: la que corresponde a la pregunta por "qué soy yo", es decir su dimensión social, histórica, comunitaria, sus facultades mentales, sus producciones culturales, etc.; y aquella otra que responde a "quién soy yo", y esta dimensión constituye la autenticidad del ser del hombre, su esencia inmensurable, su intimidad más honda, mientras el yo viene a ser, por un lado, las relaciones de todas sus partes, exteriores e interiores, consigo mismo y con los demás, su ego; y su expresión actual, expontánea, que se vuelve presente cada vez que me nombro a mí mismo, en la conversación, en el diálogo, en el saludo, cuando digo "yo" y cuando me dirijo a un "tú", de modo en que el yo es una tensión indefinida entre la objetividad y la subjetividad de uno mismo, la conciencia de sí y de cada cosa en el mundo, de los otros y del entorno, del espacio y del tiempo, siempre en desarrollo a lo largo de la vida de cada persona. Pero hay una dimensión interior en el hombre, aquella que relaciona su consciencia con su inconsciente, el ello con el yo, que quiere ser deseo de sí, pero que no es el deseo en sí mismo, aquella esencia del ello que vitaliza al hombre en su inconsciencia, ya que el deseo afirma al ser en la vida, pero no es todavía la razón de su vivir, sino sólo lo que lo mueve a vivir y a darle sentido a la vida, pero el deseo ni es el sentido de su vida ni su única fuente de conocimiento; la imaginación, esencia formal del espíritu viviente, es la energía primigenia del ser humano, aunque no es aún la adquisición ni la incorporación de las imágenes en sí. Hay imágenes exteriores, aprehensiones inmediatas de los sentidos del mundo externo, pero también imágenes interiores, y la representación se juega entre estas dos imágenes, una sensible y otra inteligible, aunque no asciende aún al concepto. La imaginación no es la incorporación interior del mundo exterior, y la formación de imágenes mentales, que precedería a la de las representaciones y a la de los conceptos, no implica solamente la aprehensión externa, sino también la intuición interna, tan inmediata como la primera del mundo exterior, pero distinta; los sentidos se extienden y, como manos del cuerpo y de la piel, atrapan las materias sensibles, mientras el espíritu interior aporta las formas preinteligibles.
La imaginación, que se parece más a la tabula rasa de Hume que la memoria, es puramente el campo y linde de lo imaginario, el habitáculo de una energía inconcebible cuya transformación evolucionará, después de su nacimiento en lo inconsciente, en las formas interiores, materias exteriores, símbolos del ser; la imaginación no crea por sí misma las imágenes, solamente posibilita y habilita su existencia, como una antesala entre el ser y los entes, entre las esencias y la realidad de su advenimiento o surgimiento en el mundo. Las imágenes, entidades indefinidas en su origen, en tanto se conformen y se hagan ellas mismas, repartirán y compartirán la imaginación, en y de donde pueden surgir para ser plasmadas en la consciencia. Es sin embargo el hombre quien, ejerciendo su ser en su consciencia, el que decide qué imágenes advendrán a su mente, como si su interioridad fuera un gigantesco manantial de materia acuosa, y de su fondo pudiera extraer el barro con el que formar figuras hechas para su conciencia; el hombre, ser cuya conciencia es puesta ante la imagen, elige entre una u otra imagen, y decide, consciente o inconscientemente, cuál tomar y cuál dejar, aunque sus recuerdos sean más que imágenes, entidades complejas hechas de experiencia y de forma, mientras en su interior las imágenes son formas, pero en su construcción con lo real de la realidad mediante sus imágenes, escapando siempre de la nada que ignora o no comprende, las imágenes se vuelven materia en sus manos, y con ellas la imaginación puede alumbrar al mundo.
La imaginación, con sus tres maneras de darse al ser: en lo imaginacional, como energía creativa del espíritu; en lo imaginario, como fuente y campo de lo psíquico; y en lo imaginativo, como parte consustancial de cada representación real o ideal del hombre, en su realidad exterior. También, en un sentido similar, Lacan fue, en verdad, el primero que habló de lo imaginario con un sentido propio y distinto al que otros le habían dado; para el psicoanalista francés, se trata de ver al ser humano como un sujeto de lenguaje, y de un sujeto que posee, como ser de lenguaje, tres registros para inscribir el mundo: lo real, que es indecible, pero para Lacan se circunscribiría al sujeto; lo imaginario, registro de imágenes, fantasías y fantasmas; y lo simbólico, que registra las palabras. Así, por ejemplo, frente a cualquier objeto, onírico o diurno, el sujeto registra tres cosas: cuando toma café, por ejemplo, hace tres cosas a la vez, tomma café -realmente-, imagina el sabor del café, el líquido bajando por su garganta, se anticipa al calor de la taza, degusta el café pero también disfruta teniendo la taza entre sus manos, sintiendo el calor que resulta ser real pero tener su correlato en lo imaginario, etc.; y por último sabe nombrar lo que está tomando, lo llama "café", conoce que su sabor se debe al "azúcar", y sabe que sostiene una "taza" donde está contenido el café, aunque todo esto ocurre a nivel inconsciente. Sin embargo, como dato curioso, Lacan atribuye a la imaginación un papel especial: por una parte, es aquello que le da sentido imaginario a todo lo que el hombre hace o piensa, y así algunos psicoanalistas dicen, con Lacan, que todos llevamos un fantasma con nosotros, cuando dormimos o cuando estamos despiertos, cuando leemos o cuando estamos esperando a alguien, es como un depositorio de todas nuestras fantasías, y sin este mecanismo imaginario el hombre enloquecería, porque no podría imaginar lo que está diciendo o pensando, y no podría completar con una imagen básica una palabra; por otro lado, lo imaginario es para el francés el registro de las formas, y así la matemática se vuelve una expresión formalizada de los deseos del sujeto, aunque esta parte de la teoría lacaniana es científicamente muy discutible. Empero, no creemos que lo imaginario sea un registro más del hombre, subordinado además a lo real; en cambio, tomamos lo real, así como el ser, la vida, la singularidad o Dios, como principios atómicos subyacentes, trascendentales que surgen cada vez que el hombre establece alguna relación con cualquier cosa, aunque no pueden reducirse a sus intentos de definición o de descripción -tampoco la imaginación puede, y en este sentido lo en sí cae fuera del entendimiento humano, aunque él reconozca que eso existe y preexiste a sí mismo. Lo imaginario es una energía propia del hombre, no una facultad o un registro, aunque los tiene -como la creatividad, la fabulación o la inventiva-, y es autónoma de la razón, con la cual cada uno organiza el mundo, como puede llegar a serlo de lo real, porque si bien las imágenes surgen de lo real externo, la imaginación sólo es su posibilidad; sólo comparto con Lacan la noción de que lo imaginario es necesario y crea un campo para las fantasías del ser humano; en este sentido, puede aproximarse a la noción o concepto lacaniano de registro, aunque más que un registro, lo imaginario como imaginativo -como parte de la realidad- sea simplemente un criterio o límite ideal de cada cosa para el hombre y no un simple registro de dichas cosas.
La imaginación como límite: se trata aquí no ya de su dimensión puramente metafísica, sino más bien de su dimensión precientífica, social y política; para ejercer una imaginación política y social, que aquí sí debe subordinarse a la razón, para evitar la locura; el hombre debe imaginar límites a lo que no lo tiene, y también imaginar la posibilidad de que aquello que lo tiene deje de tenerlo o tenga otro, delimitando lo aparentemente ilimitado, y deslimitando lo ya limitado, siempre dentro de fronteras de responsabilidad y consenso.
Lo imagenario: si lo imaginario posibilita un campo de idealización y creación, no es un campo de imágenes, sino su estadio previo; en cambio, ese mundo de imágenes, o más bien red de imágenes, es lo que, desde ahora, llamaré lo imagenario; y la posibilidad de ejercer, conocer, reproducir e incluso de manipular una o más imágenes, lo denominaré lo imagenante; lo imagenal: la esencia de una imagen, su origen significante en un sentido exterior -si es visual, auditiva, táctil, etc.-, su naturaleza social, lo que en arte se llama comúnmente lo iconográfico, que así como lo iconológico estudia las formas simbólicas de la cultura; porque mientras una imaginología debe estudiar todas las aplicaciones posibles de la imaginación, una grafosofía debe erigirse como un saber de las imágenes, y bien sabían ya los presocráticos que ellos estaban en el comienzo de una ontografía, porque sus predecesores aún continuaban en una teografía, y así el estudio de las imágenes de lo divino y lo sagrado, como límite expresable de una experiencia más allá de lo visible y de lo decible excede toda imaginación; los presocráticos que, como Heráclito, que conocía la virtud del fuego como imagen física del Logos, que con medida se enciende y con medida se apaga, vivían experiencias místicas y filosóficas, aunque sus ideas tenían que buscar arribar a lo aparente, a lo sensible o, si no, a lo decible, aunque sus ideas perforaran y dislocaran las palabras y las imágenes buscando transmitir la profundidad de creerse parte de una sabiduría no vulgar; y por eso grafos no significa imagen -que sí significa eidos-, sino escritura, palabra, expresión escrita.
La ficción: es lo que se forja en una inventiva no práctica, inútil a usos reales, que sólo busca dejar abierto el mundo y la contingencia humanos en lo infinito, y por ello tienen sentido la filosofía, la ciencia, las artes... Sin ficción, sin desconstrucción de lo real y su reconstrucción en lo irreal, se detendría el sentido de toda experiencia, de todo pensar; distinguir la fabulación de la construcción real es la tarea que, con la imaginación y la razón, tiene el hombre, descubriéndose a sí mismo nocómo un ser fabuloso, pero sí como un ser valioso, y su valor es está en dar valor al mundo, a cada ser y cosa a su alrededor, a sí y a los otros, y en eso recide su dignidad: es valioso porque puede valorarse a sí mismo igual que al resto de sus semejantes y al mundo que con ellos cohabita.
Un principio inspira en mí esta filosofía, aún muy incompleta: quienes con Descartes decían "pienso, luego existo" se oponían a aquellos otros que, con el existencialismo o la hermenéutica, dicen "existo, luego pienso", pero ambos excluyen la importancia de uno de los elementos subordinándolo a otro previo -o bien primero se tiene existencia o bien primero se puede dudar y tener pensamiento-; en cambio, bien podríamos decir "existo y pienso". Yo diré, en cambio, "vivo e imagino, por lo tanto existo y soy"; pero ¿cómo aplicar esta conjunción teórica al mundo, a la coexistencia de los hombres y de las mujeres, de los otros que ni se tienen a sí mismos como hombres ni como mujeres, a la tierra, a la naturaleza, a cada ser en relación consigo mismos y con cada otro ser? Mejor, tal vez, sería afirmar que "imaginamos y vivimos, entonces coexistimos y somos"; Camus, para oponerse a aquel principio solipsista y burgués que afirma que "existimos solos", afirmaba que "me revelo, entonces nosotros somos". Si convivimos juntos e imaginamos entre nosotros, podemos también ser para otros y hablar para otros, y así nuestra existencia puede ampliarse en el orizonte, hacia otros; sin vida no podría haber imagginación, pero sin imaginación sería difícil saber qué haría un ser que solamente tuviera la vida para existir, que no la imaginación para imaginar en la vida y vivir más allá de su propia imaginación.
Notas: son recomendables los siguientes textos para seguir estudiando estos problemas: obras de Lacan: Escritos, Otros trabajos, Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Seminario 14. La lógica del fantasma, Seminario 22. R.S.I., Seminario 26. La topología y el tiempo. Mi cuerpo y sus imágenes, y Topologería. Introducción a la topología de Jacques Lacan, de Juan David Nasio. Imaginario, simbólico, real. Aporte de Lacan al psicoanálisis, de Carmen Lucía Díaz. Obras de Jung: Arquetipos e inconsciente colectivo, Aion. Contribución a los simbolismos del sí-mismo, Energética psíquica y esencia del sueño, El Libro rojo, Formaciones de lo inconsciente, La dinámica de lo inconsciente, Símbolos de transformación, Teoría del psicoanálisis. De Varios Autores, Diccionario de los símbolos, El concepto de historia de Walter Benjamin, la Investigación sobre el entendimiento humano de David Hume, Texturas de la imaginación de Marcelo Pakman, y por último Entre pensar y sentir: estudios sobre la imaginación en la filosofía moderna, editado por Claudia Jáuregui.

Tocar fondo: la vuelta al fondo de la economía argentina

El jueves pasado se oficializó el regreso del país al FMI; un acontecimiento previsto por algunos semanas atrás, que marca un nuevo avance de las políticas neoliberales de Cambiemos, y un nuevo retroceso de la economía real para los sectores mayoritariamente vulnerables de la Argentina.
Nótese que el término "fondo" suscita distintas acepciones, y la idea oficialista que denotaría -falsamente- "fondos de inversión" es sólo uno de sus múltiples significados posibles. Así, por otra parte, la sigla FMI significaría, según algunos ingeñosos periodistas opositores y pesimistas, no tanto -o solamente- "fondo monetario internacional", sino también "fábrica mundial de indigentes", y además, por qué no, "fondo mundial de inversión", según el gobierno nacional, como también podría llegar a indicar, también para los menos optimistas, "fábrica mundial de infelicidad", o incluso "fondo mercantil infinito", por ejemplo. Nótese, por ello, que para el sentido común, al cual la palabra dicha en singular, que peca de univocidad significante, no termina de convencer ni, si es posible, de engañar: puede indicar "tema de fondo", "idea de fondo", pero también "pozo sin fondo".
En efecto, como empresa global que pretende financiar y financiarizar las relaciones internacionales entre las naciones, el Fondo no quiere ni quisiera, por supuesto, ser una parte en un todo mayor, un banco entre bancos, ni mucho menos el último de los recursos financieros: el Fondo no quisiera, aunque así es, "estar al fondo" en tema de negocios de deuda mundial. Para "estar en el centro" de la escena, en vez de ser su fondo, es difícil para esta máquina de endeudamiento global, aparentar la inocencia que los gobiernos capitalistas y de derecha de las grandes potencias buscan atribuirle; si fuera otra vez, como en la época del resurgimiento de los populismos latinoamericanos entre 2003 y 2013, un organismo periférico entre aquellos que, como la CIA o la UE corrían el riesgo de perder la hegemonía en el juego de fuerzas por encabezar la lista de los sistemas que iban a manejar el mundo desde la caída del muro de Berlín y de la Unión Soviética en los 90, su resurgimiento hoy día podría ser fácilmente pasado por alto por las izquierdas de centro que, en los últimos años, se han convertido en los grupos mayoritarios opositores; estando nuevamente en el centro de la escena económico-política actual, ignorar su presencia se vuelve, si no imposible, un acto ingénuo por parte de las intelectualidades nacionales en América Latina. Invisibilizado en los diez años previos, su espacio era ocupado por la lucha entre los mercados estadounidense y chino desde la crisis en los EE. UU. en 2004 y la nueva crisis internacional de 2008; a nivel de la crítica cultural, literaria y filosófica, y fuera de los complejos debates de los académicos de la economía, el fondo se había convertido por entonces en aquel campo existencial del stablishment que, como el tiempo y el ser en San Agustín y Martin Heidegger respectivamente, poseía una referencialidad ambigua y que coincidía con la presencia o ausencia circunstanciales y locales de su influencia e insidencia en los campos reales de las economías regionales, cuando los gobiernos populares latinoamericanos eran abordados por el poder comunicacional, con una pregunta similar a la de los filósofos por el tiempo y el ser; en ese caso, podían decir: "si no me lo preguntan, lo sé; pero si me lo preguntan, no lo sé"; y bien podría haber sido formulada la respuesta más o menos como sigue: "si estamos endeudados por él, sabemos que estuvo ahí; pero si nos hemos desendeudado, aún si era patente que el fondo estaba y aún está ahí, mejor es pensar que no lo sabemos o, en el mejor y más feliz de los casos, es mejor no pensar en él, y en dejar de considerarlo como un agente serio de la economía que pueda traernos beneficios a todos".
Aquí y ahora, en cambio, está más presente que nunca, y su ignorancia hasta pocas semanas atrás por parte de la mayoría opositora nacional, demuestra su ingenuidad a la hora de efectivizar su llamada de alerta al avance cada vez más patente de las políticas oficialistas contra los derechos de las mayorías desfavorecidas. Si con la reapertura indiscriminada de las importaciones a comienzos del 2016, con la eliminación del cepo al dólar y el previo pago sumiso a los fondos buitres, los sectores más afectados de la economía bien podrían haber adoptado el silencioso pero eficaz lema de "nada importa pero todo se importa"; con la reciente oficialización de la vuelta al fondo -no digamos del fondo, la cual remite a los mismos inicios de la confirmación de Macri como nuevo gobierno en diciembre del 2015-, se nos antoja hoy otro, del cual la risa y el llanto son solamente dos de las tantas contradictorias emociones -positivas y negativas, de bronca y de impotencia más que nada- que inspirará su explicitación: "el fondo nos deja sin fondos", "el fondo es un pozo sin fondo" o, incluso, "hemos tocado fondo si es que hemos vuelto al fondo", por ejemplo. Justamente, los sectores medios se forman una falsa idea de lo que el fondo es hoy, si es que llegan a admitir la engañosa invitación oficialista de que el fondo, siempre malo hasta ahora, se ha vuelto, de repente y sin mayores explicaciones, bueno y solidario; el fondo no viene al país, como ya bien lo han podido confirmar los países europeos que han aceptado sus recetas y se han endeudado por ellas, con sus crueles efectos resultantes -España, Italia, Grecia o Portugal-, a prestar fondos, sino a crear en la economía actual y futura, un nuevo pozo sin fondo, un vacío económico-institucional que incidirá en un progresivo y catastrófico aumento de la deuda externa y de la crisis financiera real, cuyo inicio histórico se remonta, como ya sabemos, al conflicto del segundo gobierno kirchnerista con el campo en 2008, cuando la masiva fuga de capitales al extrangero por parte de las grandes empresas y su futura rentabilidad en off shores en países que son históricos paraísos fiscales -o cuevas fiscales, como Santiago O'donell propone nombrarlos-, fue una manera de frenar los intentos de poner impuestos a los grandes exportadores, y cuya consolidación como fuga soberana se vio, espectacularmente, en las investigaciones hechas públicas mundialmente de los Panama Papers.
Un fondo que sólo reivindica su nombre, es decir que fondea, que crea más fondos, es decir más agujeros cuyo fondo es el remanente o resto de inversiones que están por desaparecer del territorio nacional, que no presta dinero sino que abre la puerta a la perpetuación condenatoria de los pueblos oprimidos de un endeudamiento in aeternum; recuérdese el fragmento de un estribillo de una conocida canción de rock de La Vela Puerca que dice: "viejo divino ¿adónde vas? ... Y de la mano sólo queda hoy un perro flaco y el fondo de un vino pa entiviar", y acá el fondo es un poquito de vino, que reconocemos que es lo que al pobre le queda después de una vida despreocupada, aunque en la actualidad descubre él mismo que es una vida vacía, miserable y sin futuro. El término "fondo" indica aquí, mejor que de ninguna otra forma, "resto" o, también, "vacío", y la posibilidad de su infinitud en el tiempo abre la contingencia humana del pueblo argentino a su más desdichada y confirmatoria caída en la nada, en esa arvitrariedad consustancial a una lucha por la vida y por la existencia en una naturaleza salvaje y en una sociedad aparentemente incontrolada, pero sutilmente dominada por un grupo que, en su ipocresía por gobernar mientras propugna la destrucción del Estado y de toda soberanía nacional vende, en su relato de marketing la noción falaz y funcional a sus intereses de clase, del individuo atomizado, ese sujeto autónomo y absoluto, que es su propio emprendedor. No es que el emprendedurismo en sí mismo sea malo, lo que ocurre es que en los microemprendimientos, en los que se busca aspirar a desarrollar una capacidad o acceder a un conocimiento práctico específico -elavoración de alimentos, por ejemplo-, generalmente tienden a ser temporales, funcionando como aparatos inconscientemente individualistas, que dividen a los grupos en sujetos autosuficientes, y los aprendizajes que se promueven en sus contingentes de personas suelen ser puramente utilitarios, acríticos y carentes de nociones y conceptos fundamentales para toda sociedad como "comunidad" o "solidaridad". El problema es que sus mecanismos suelen servir muy bien a los relatos de los libros de autoayuda o de liderazgo que, con sus lenguajes engañosos, pretenden llenar el vacío ideológico de las estructuras mercadistas y empresarias que, con sus nuevas estéticas capitalistas, completan una dimensión de postverdad falta de mejores respuestas formales a la política real. Su logro es efectivo porque, en un mundo sin criterios absolutos de verdad y de falsedad, donde las estructuras narrativas de historias particulares, relativas y puramente verosímiles, manejadas por medios masivos de comunicación, no pueden posibilitarle a nadie fuera de sus legitimadores oficiales, una base válida para elegir qué hacer, quién ser, cómo actuar o en quién o qué depositar sus esperanzas, deseos e intereses. En una realidad semejante, donde el pluralismo democrático de ciertos sectores intelectuales, o las ideologías de democracia radical, sociedad popular o libertaria de nuevos grupos políticos que aglomeran antiguas izquierdas o tendencias de librepensadores y de activistas sociales, son rápidamente descartados como posibles respuestas inmediatas a los problemas tradicionales o nuevos de la política, o excluídos de los debates hegemónicos por hallarse fuera de las grietas y divisiones acostumbradas en la actividad pública -izquierda o derecha, popular o conservadora, liberal o nacionalista, etc.-; en el cual el pragmatismo político invita a la mayoría a elegir siempre y solamente entre un relativismo que permite casi todo pero que se adecúa muy bien a todo, y un particularismo o singularismo que cae en las falencias de cualquier individualismo, por bueno u original que sea, y donde el universalismo corre el peligro de homogeneizar lo heterogéneo, ya no alcanzan los antiguos mecanismos electorales e institucionales para legitimar las diferentes prácticas; entre una ciudadanía que es atacada soberanamente por el gobierno de turno y convertida así en una unidad de pueblo, y una dimensión política signada por partidos, poderes estatales y fácticos, que interpreta a sus potenciales seguidores ciudadanos o bien como sumas de individuos o como masas uniformes, actualmente queda un único campo de referencialidad que puede servir como una herramienta efectiva para disminuir la brecha existente entre ambas partes del mundo público: las redes sociales en internet, cuyos nuevos grupos y páginas masivos pueblan de un modo nuevo el campo de los debates públicos. aquí también el FMI está ampliamente deslegitimado, es considerablemente repudiado y no parece que la mayoría de los usuarios internautas vaya a apoyar de un modo optimista a un gobierno que se autoexcuse con sus eslógans o a un congreso que convalide sus acuerdos de expolio a la mayoría ciudadana.
No por nada tituló Tocar fondo un capítulo de su libro Si esto es un hombre el escritor italiano, superviviente de Auschwitz, Primo Levi: los recién llegados, ignorantes de la destrucción total de la humanidad en ellos, suponían que acababan de entrar en un infierno, y pronto no había solidaridad patriótica o política alguna que consiguiera mantenerlos lúcidos frente al horror. Tocar fondo: la clase argentina en crisis, así se titula un libro sobre el 2001 de dos autores argentinos contemporáneos, José E. Abadi y David Mileo. No queremos que así vuelva a ser denominada la situación nacional, que por entonces presenció el corralito económico; entonces se declaraba el estado de sitio, aunque hoy también estamos en un estado similar, de abandono de la ley y del derecho, aunque ambos comparten una característica del estado de escepción del que habla G. Agamben en su obra omónima: en un vacío legal e institucional, se crea un nuevo campo político, donde la ley es que no existen leyes, y la norma es que no hay normas; la persecución, la represión, la desaparición y la aniquilación políticas están entonces permitidas, y el poder soberano sobre la vida y sobre la ciudadanía son la nueva norma que rige la acción social del grupo dominante. Todavía, empero, queda una soberanía por defender, la soberanía nacional y popular, la cual se encuentra hoy en estado de riesgo total, porque el territorio nacional corre el peligro de ser convertido en base de la inteligencia norteamericana; para poder asumir y superar una soberanía que, siendo la del pueblo, controle y sea la base para la soberanía estatal; sin este reconocimiento, el país entero corre nuevamente el riesgo de caer bajo la cadena económica de otra soberanía que no le es propia sino agena, la del FMI, y con ella también las cadenas de todos sus aseguradores, los bancos internacionales, las agencias de inteligencia nacionales y las corporaciones mediáticas y militares norteamericanos y británicos.

sábado, 19 de mayo de 2018

¿Por qué Santiago Cúneo?: el periodismo y la política resignificados

Un hecho significativo sacude hoy los medios nacionales: la desvinculación del periodista peronista Santiago Cúneo de Crónica TV, Canal 4. Abre un nuevo espacio de comunicación, www.canal22web.com.
No es algo nuevo: ya durante el transcurso del año anterior se conoció un acontecimiento similar, el despido de Roberto Navarro de C5N. Habían despedido también a Víctor Hugo Morales, y a otros integrantes de dicho medio a lo largo de aquel año, pero el mismo fue reincorporado recientemente al canal.
Entonces cabe preguntarse: ¿por qué, ahora, precisamente, el gobierno va detrás de Cúneo? Un periodista más entre tantos de la oposición, mal hablado, ignorante, que según algunos necesita ayuda psiquiátrica o, mejor aún, internación psiquiátrica, inmediata y forzada. Un hombre cuyas características periodísticas, comunicacionales, lo convertían en alguien aparentemente vulgar, irrelevante, que no era mencionado ni siquiera por los miembros de la intelectualidad nacional -Jorge Asís, Eduardo Feinmann, Titaz, etc.-, tan mal conocido y funcional a los intereses del kirchnerismo, en paralelo con otro personaje igualmente mal conocido y difamado, funcional, en cambio, a los intereses del macrimo: Jorge Lanata. Un miembro de Clarín, mal hablado también, que no hace mucho dejó de mostrarse en la televisión, pero que pronto volverá a aparecer, un hombre singular, machista, estafador, mentiroso, falto de datos y argumentos válidos, un personaje con todas las letras para servir de vocero del oficialismo, anteriormente opositor, del cual muchos dicen que recibió, por cargarse mediáticamente a la expresidenta, un departamento en Nueva York, valuado en unos diez millones de dólares.
¿Qué hace de Cúneo, entonces, algo distinto? Obviamente, sus intereses y maneras tan disímiles de pensar, no digamos de expresarse. Lanata defiende los intereses oficialistas de un gobierno de derecha, mientras Cúneo dice defender al pueblo argentino, contra el "virrey" Mauricio Macri. Ambos recibieron sendos premios Martín Fierro, ambos poseen una lengua imposible de mantener bajo control, del lenguaje políticamente correcto, democrático, de los medios. Pero Cúneo dispone de datos y de argumentos válidos, a diferencia de su Alter-Ego.
Se trató siempre, ante todo, de un periodista comprometido, con la información que llegaba a sus manos, con los de sus compañeros y compañeras peronistas, incluso debatió amigablemente con las izquierdas del momento. Sus convicciones son firmes, sus ideas, sencillas: la patria, el pueblo, la clase trabajadora, la libertad de expresión, decir "lo que se le canten las pelotas". Simplemente es alguien que no tolera que quienes ocupan hoy la casa presidencial hagan a su antojo lo que quieran, dispuesto a debatir y a tolerar las propuestas democráticas y serias de los demás, pero intolerante a las maldades, crueldades y perversidades de Cambiemos. Que no tiene miedo de denunciar, siempre que pueda, los atropellos a los derechos básicos que Macri prometió mantener, pero que violó poco después de asumir el gobierno en diciembre de 2015; un gobierno que, entre tantas otras cosas, reendeudó al país, provocó el achicamiento del empleo público y privado, degradó las funciones y competencias del poder ejecutivo, amplió sus facultades y absorbió así el resto de las de los demás poderes, persiguió y persigue opositores, algunos de los cuales consiguió detener, procesar y hasta encarcelar sin juicio justo, trajo al país de invitados al anterior rey de España, a la reina de Gran Bretaña, se sacó varias fotos con Trump, abrió el mercado interno a las importaciones desmedidas, aumentó la inflación, generó más de un millón de nuevos pobres, catapultó la caída y cierre de fábricas y comercios, empresas pequeñas y medianas, colocó dinero de ANSES en una offshore de Arabia Saudí, y por si lo anterior fuera poco, ahora pide auxilio al FMI. Y eso no es todo: es quien entrega, secretamente, la soberanía de las Islas Malvinas a los intereses británicos, hace desaparecer militantes sociales y manda a una muerte casi segura a cuarenta y cuatro submarinistas en el Ara San Juan, intenta ocultar que había mandado al submarino a hacer misiones de espionaje y, aparte, intenta hacer cerrar o vender grupos de medios disidentes, como INDALO, algo curiosamente parecido a lo que hicieron los miembros de la cúpula militar durante la última dictadura al forzar a los dueños de Papel Prensa a vender su compañía.
Es una pena, en verdad, que Cúneo desaparezca de los medios masivos, pero es una fortuna también que aparezca en el mundo de los casi igualmente tan masivos medios digitales. El poder circula, Foucault lo sabía, y aunque el gobierno intente imponer el terror y el horror generalizados, como lo intentaron los autoritarismos latinoamericanos en los años 70 y 80, o como lo consiguieron los totalitarismos de los años 30, 40 y 50 del pasado siglo -el nazismo, el stalinismo o el franquismo-, para los cuales la oposición política no era peligrosa sólo por pensar diferente, sino especialmente por ser el último freno al terror total, Cúneo hace patente su fracaso. También para Cambiemos, como para los nazis, la AAA y Videla, el enemigo político no presenta una simple amenaza ideológica por sus ideas reales, sino que lo definen por sus tendencias a oponerse a lo que, según los oficialistas, es "el único camino posible", y por eso a cualquiera que exprese su descontento respecto a sus decisiones gubernamentales, se lo persigue y calumnia tildándolo de kirchnerista, como si serlo implicara una intrínseca y natural tendencia y esencia delictiva y a delinquir, como si el potencial preso político fuera, como los presos comunes, un criminal real, sin probar antes su culpabilidad más que con sofismas conocidos.
No todos acceden a la red de internet, como no todos acceden a tener un televisor y un canal de cable; hay quienes ni siquiera tienen la posibilidad de disfrutar de un canal de aire, como hay tantos que, además, hoy tampoco tienen ya la posibilidad de disfrutar de una salud aceptable, un salario digno, un puesto de trabajo seguro o una alimentación estable durante el día, que no llegan a fin de mes sin perder o mucho o todo; pero al menos Crónica, siendo un canal de aire, hasta ahora daba la posibilidad a una gran mayoría de argentinos que dispusiera al menos de un televisor y de luz eléctrica, de disfrutar de una variedad de contenidos, informaciones y opiniones disímiles, abriéndose a un público plural, con muchos gustos e intereses. actualmente, junto a C5N, conforman los únicos medios audiovisuales de oposición masivos al oficialismo en la provincia de Buenos Aires, casi incluso en el país entero. Ya no es posible ver a Navarro en C5N, sino que ahora sólo quienes accedemos a YouTube podemos hacerlo; ahora Cúneo está por volcarse también a este nuevo rubro, con pocas apuestas pero con muchos seguidores. Sin embargo, con los únicos medios masivos opositores al gobierno conquistados en la última persecución y apriete a los empresarios de los medios por parte del oficialismo, queda derrumbado, transitoria pero realmente, uno de los bastiones más importantes de la oposición, con lo cual el gobierno consigue cerrar una puerta más de la democracia, al censurar y limitar la libertad de expresión y de prensa masivamente. Queda por ver qué pasa, de ahora en adelante, con las redes: su ventaja consiste en que no sirven a intereses financieros o empresariales, sino que solamente son funcionales a la opinión pública más voluble e incontrolable de internet, mientras su desventaja la presenta su potencial capacidad de manipulación indirecta mediante el psicopoder, como ya se mostró con Canbridge Analitic.
La desaparición digital es más fácilmente efectuada en este campo de las redes que la desaparición física virtual en el mundo de los medios clásicos; sin embargo, no es menos cierto que la reaparición de las expresiones políticas allí -y aquí mismo, a través de este blog por ejemplo-, permite extender y complejizar las energías producidas por las pasiones y los sentimientos colectivos a nuevos campos de poder. No se trata ya, desde ahora, en buscar, simplemente, tomar el poder, sino de ejercerlo; la gigantesca circulación y afluencia de opiniones, ideas, palabras, discursos y luchas simbólicas en el también gigantesco mundo de la red, evita que un pensamiento único se pueda afirmar durante un tiempo relativamente largo como un "nosotros", impidiendo que un "yo pienso", "yo opino" cristalice en un "yo soy el que piensa", "yo soy el que opina", y nunca un "nosotros opinamos", "nosotros mandamos" puede cristalizar en un "nosotros somos los únicos que podemos decidir qué...". En otras palabras, la máquina simbólica del oficialismo pierde su fuerza y su efectividad en el mismo momento en que ingresa en el campo de las luchas en internet; si incluso acaba por disgregarse o disolverse, o si acaba por descomponerse o desmaterializarse a tal punto que no tenga ya efecto en la opinión pública digital, esta nueva masa digital acabaría por barrer, paulatinamente, su influencia y por arrancar sus raíces de sus puntos de apoyo y, finalmente, los usuarios coincidentes con ella quedarían reducidos a una ínfima y relativamente poco influyente masa de convencidos históricamente. Pero tampoco conviene desde ahora, cuando aún falta para que esa nueva aventura arranque el lunes, hacerse tantas ilusiones; como ya ha quedado probado con el retorno del neoliberalismo, es imposible concretar definitivamente los deseos de Cúneo: pretender que la derecha sea vencida electoralmente como que desaparezca del campo político inmediato, sería como repetir, ingenuamente, la ya conocida y fracasada opinión de que el fin de la historia regional y nacional había concluído cuando, en 2003, los neopopulismos latinoamericanos tomaban el timón de la perdida nave continental, dejando casi completamente desiertas las áreas de los que, hasta entonces, habían creído y apoyado a las derechas contemporáneas. No hay que olvidar que fue en aquel mismo 2003 cuando se formó el PRO en la ciudad de Buenos Aires, cuando se creían derrotadas de una vez y para siempre las tentativas de la derecha decimonónica y concluída la historia del famoso "en Argentina todo termina mal, siempre", e instaurando un bien eterno y substancial que se mostró, finalmente, escaso de planes de futuro a largo plazo, y carente de esquemas políticos complejos y críticos que continuaran y superaran las políticas llevadas adelante hasta 2010, que hubieran demostrado, si no, que la noción chavista de la revolución populista fue, como popular, también total y radical. Lo cual resultó ser falso: una vez fallecidos los expresidentes populares de la región -Néstor, Hugo y Fidel- y comenzados los golpes de Estado en toda América Latina -en Paraguay, Honduras y Brasil-, quedaron a la vista de muchos las incomprensiones por parte de los nuevos partidos y líderes populares de los problemas subsistentes en la realidad inmediata, como la inflación, la inseguridad social o los casos de corrupción, reales o fingidos, que aumentaron un descontento generalizado que acabó por transformarse en bronca y en masificar el odio a la expresidenta.
¿Qué queda por hacer? O bien tiene que volver Cristina al campo público, o bien, de dejar vacío ese lugar de poder, tiene que aparecer un sujeto político nuevo, que encauce la mayoría de la opinión opositora, la cual se encuentra ya unida y lista en la representación peronista de corte kirchnerista, izquierdista, feminista y peronista centro-izquierdista. Cúneo sirvió, hasta ahora, como portavoz comunicacional de este sector de la opinión pública; ¿se convertirá en un portavoz político efectivo de la dicha opinión pública disconforme, desencantada o decepcionada de la población, desfavorable a Cambiemos, tan bien como lo venía siendo desde el periodismo? Sólo el tiempo lo dirá, y dependerá de muchos factores, entre los cuales caben destacar la moderación discursiva y la búsqueda de apoyo de otras personalidades y espacios similares y afines, sin cuyo manejo útil y estratégico Cúneo pasará a ser, como lo fueron Masa o Randazo, otro opositor marginal, que particularmente carece de preparación académica adecuada y que confunde o ignora gran parte de las luchas simbólicas vigentes en el campo público: porque no es posible resumir o acotar los problemas actuales a un par de principios doctrinales -nacionalismo, populismo, soberanía nacional, lucha por los derechos básicos...-, sino que el hecho de que este periodista tenga en sus manos una significativa cantidad de apoyo, cariño y acuerdos, necesita ampliarse a manejar también las múltiples redes significantes, de palabras, símbolos y discursos, que circulan en el mundo político a todos sus niveles. Le hará falta también, como le hizo y le está haciendo falta a la oposición en su conjunto, la habilidad y la astucia maquiavélicas que, en manos de Duran Barba, le permitieron a Macri y a sus colaboradores conseguir el trono mayor; esto no implica ser santos, sino evitar que hayan sólo demonios; como dice Maquiavelo, "El mal se hace todo junto y el bien se administra de a poco." Pero sobre todo es indispensable dejar claro que lo que se busca es hacer retroceder las políticas actuales de ajuste que evitan reabrir los debates importantes y realmente necesarios, que deconstruyan la grieta entre kirchneristas y macristas, peronistas y no peronistas, y reconstruya la unidad popular y ciudadana en una trama tejida con paciencia, originalidad y creatividad, y que nos permita reconocer y delimitar no quién o qué es gorila y quién y qué no, sino cómo se inscribe, se presenta o se ausenta a la política. Si la política se vuelve presente, sabremos que estamos ante políticas y políticos responsables y críticos, pero si se muestra ausente y vacía, hemos de comprender que quien nos habla pretende no el final de los problemas sino el fin de la historia, de la política, el cierre de la grieta y la desintegración del tiempo.
Cúneo ha resignificado la política y el periodismo; se necesita un periodismo así, militante, que no es lo mismo que el famoso "periodismo patrullero" con el que tantas veces personajes ambiguos como Jorge Asís han podido esquivar la pregunta de la identificación política, diciéndose ser de centro, neutrales, apolíticos o liberales. Pero sólo si se sale a caminar, a decir, a expresar y a juntar a los unos con los otros, se podrá convertir el insulto manifiesto en palabra autorizada para nombrar los actuales descontentos y las actuales broncas comunes; como ya lo es en las canchas de football, en las calles y en las marchas populares, aún si el cantito "Mauricio Macri, la puta que te parió" sea un símbolo repulsivo para los dialogantes, bien o mal hablados, del oficialismo.
Notas: recomiendo encarecidamente los siguientes textos para hacer una lectura crítica de la situación mediática presente: Macri. Orígenes e instalación de una dictadura mafiosa, de Jorge Beinstein, Ediciones virtuales Waiwén, 2017; Ética de los medios de comunicación, de María Javiera Aguirre Romero, Herder, Barcelona, 2016; La concentración infocomunicacional en América Latina (2000-2015), de Martín Becerra y Guillermo Mastrini, Bernal: Universidad Nacional de Quilmes, Observacom, 2017. Y las siguientes obras del historiador italiano Enzo Traverso: ¿Qué fue de los intelectuales?, 2013; El totalitarismo. Historia de un debate, Eudeba, Universidad de Buenos Aires, 2001; El pasado. Instrucciones de uso: Historia, memoria, política, Ediciones Jurídicas y Sociales, S. A., Barcelona, 2007; y La historia como campo de batalla, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2012. También son muy recomendables los siguientes textos: Ecografías de la televisión, de Jacques Derrida, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1998; y Sobre la televisión, de Pierre Bourdieu, 1996.

domingo, 8 de abril de 2018

Juicio y proceso: en torno al caso Lula Da Silva

Sin duda es ya un hecho que los días 6 y 7 de abril del corriente año quedarán como días históricos en la memoria del vecino país de Brasil. La persecución, procesamiento y detención, con su momento final de prisión, contra el ex presidente Lula Da Silva, constituye todo un acontecimiento de dimensiones globales.
Es ya evidente para muchos -y especialmente lo es para nosotros- que Sergio Moro no pretendió hallar la verdad; esa supuesta búsqueda de la verdad, con medios y pruebas insuficientes, se instaló como excusa para la persecución política del ex dirigente brasilero. Mientras que para algunos miembros de la intelligentsia brasilera y argentina, se trata de una victoria del derecho y de las leyes sobre la corrupción y el populismo, alrededor de veinte mil personas rodearon ayer el sindicato metalúrgico en San Pablo para tratar de evitar lo que, finalmente, ocurrió: la detención y prisión de Lula; son aquellos intelectuales los mismos que, con su dedo acusador a un hombre que, salido de la clase trabajadora, llegó en dos oportunidades a ocupar el cargo de la presidencia de Brasil, tildan a todo aquel que defienda los intereses de los pueblos contra los de los sectores financieros y de las elites terratenientes del país, como populista y corrupto, mientras dicen "hacer justicia". Y no entienden estos mismos intelectuales la historia reciente de la región cuando, asombrados, miran con bronca y resentimiento a las grandes masas de personas que aún siguen a esos dirigentes políticos y sociales; personalidades como milagro Sala, Lula o Cristina Fernández.
En una ocasión diferente, hablando de los famosos juicios de Duremberg, en su libro Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. Homo Sacer III, decía Giorgio Agamben, utilizando para su argumento la novela inconclusa El proceso de Franz Kafka, que la justicia contemporánea, cuando realiza juicios, ya no busca la verdad, sino solamente establecer un proceso, a través del cual imputa implícita o explícitamente al culpable. Así podía explicarse cómo, a pesar de dichos juicios a los nazis, así como el llevado acabo contra Eichman en Gerusalén, todavía en la actualidad, muchos de los exfuncionarios del gobierno Nazi y sus allegados continúan o continuaban libres; cómo a pesar de los juicios, tuvo que pasar mucho más tiempo para que se produjera una auténtica persecución e investigación de los responsables del genocidio al pueblo judío, y para que se realizaran auténticas transformaciones en la vida política del pueblo alemán.
Asistimos hoy en día, en cambio, a un uso y abuso desmedido del derecho en calidad de poder para realizar juicios y procesos a quienes, presumiblemente culpables sin saberse todavía si lo son, tanto aquí como en el resto de la región, se los persigue, acusa y, en casos como el de Brasil, se los encarcela injustamente. Si en la Argentina veníamos asistiendo a la espectacularización de detenciones arbitrarias y preventivas contra actores políticos y sociales opositores al gobierno nacional, en Brasil han conseguido, contra el pronóstico de muchos, detener y, efectivamente, encarcelar, sin pruebas suficientes, a quien junta en las encuestEBas alrededor de la mitad del apoyo popular y electoral de las mayorías brasileras. La construcción performativa de un juicio como procesamiento y encarcelamiento sin más de Lula lo convertirá en lo sucesivo, creemos, en el Nelson Mandela del siglo XXI. Y mientras el poder soverano discrecional del discurso jurídico y de la ley estatales avanzan sobre las garantías reales de la vida cotidiana de las colectividades humanas en el mundo, reaparece en todas partes, más ahora que nunca, la necesidad de plantarse y establecer luchas continuas y sin descanso de resistencia a estos poderes, que no son nuevos, que retornan como síntomas de una enfermedad histórica con antecedentes en las dictaduras latinoamericanas de los años 60, 70 y 80, y en los gobiernos neoliberales de los años 90, pero que incorporan elementos peligrosos: el apoyo masivo de los sectores medios y la confusiónn general de la población.
Apoyamos la excarcelación de Lula Da Silva, el regreso de la democracia y el final de la dictadura de Michel Temer en Brasil, y la celebración de elecciones abiertas, justas y democráticas en el vecino país.
Creemos que un pensamiento realista es uno que se implique e involucre con la realidad inmediata y cotidiana de los pueblos, con su historia y su cultura; un pensamiento comprometido, en nuestro caso, una filosofía comprometida, particularmente ahora con la situación política que vive la región, es la que necesitamos para reebaluar y criticar el mundo contemporáneo. Sólo si planteamos a la nuestra como una filosofía comprometida con la facticidad de la vida humana, y en este caso con su rama política, podremos iluminar el pasado, vivir el presente y prepararnos para el futuro; un futuro incierto y complejo, de luchas y resistencias, al cual habremos de mirar con sospecha, pero, también, con esperanza.
Nota:  son recomendables los siguientes textos: Golpe en Brasil, de AA. VV., 2016, que puede encontrarse en lectulandia; Vida precaria. El poder del duelo y la violencia, de Judith Butler, 2007; Seguridad, territorio y población de Michel Foucault, Curso en el College de France (1977-1978), traducido por Horacio Pons, México, FCE, 2006. Y, en efecto, los tres tomos publicados de Homo Sacer, de Giorgio Agamben: Homo Sacer I. El poder Soberano y la muda vida, Valencia, Pre-Textos, 2003; Homo Sacer II. Estado de excepción, Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora, 2005; y Homo Sacer III. Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo, Valencia, Pre-Textos, 2000.
Dejo los links de los libros de Foucault y Agamben:
Foucault, Seguridad, territorio y población:
https://drive.google.com/drive/folders/0B2qUzEg9RaWYMjJodDVwTXZRY0U
Agamben:
Homo Sacer I. El poder soverano y la muda vida:
https://drive.google.com/drive/folders/1pavp0b4-Jse4ME5szyb2zBrnZldCPGh6
Homo Sacer II. Estado de escepción:
https://drive.google.com/drive/folders/1pavp0b4-Jse4ME5szyb2zBrnZldCPGh6
Y Homo Sacer III. Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo:
https://drive.google.com/drive/folders/1pavp0b4-Jse4ME5szyb2zBrnZldCPGh6