Con un dólar que superó hoy los 40 pesos, con las mayorías populares en las calles, y con un país en crisis económica masiva, el gobierno nacional enfrenta hoy graves problemas de legitimidad.
Recordemos: 100 años de la reforma universitaria de Córdova, 50 del Mayo Francés. No son acontecimientos menores, ya que hoy una gran parte de la población nacional salió a las calles para manifestarse, entre otras cosas, contra el ajuste económico, la desfinanciación de la educación pública, el acuerdo con el FMI, la represión policial, la persecución política a opositores, etc.
El régimen neoliberal, con su particular articulación de los poderes de dominación de los que hablaba en su día Foucault -el poder soberano, el disciplinario y el de control-, que utiliza un discurso jurídico para legitimar sus acciones parajurídicas, porque el poder soberano no responde ya más a un hipotético estado de derecho, sino sólo al discurso del derecho que, en manos del gobierno oficial, blinda con argumentos falaces sus verdaderas intenciones: acabar con esa otra soberanía que, no siendo la ejercida por el gobierno sino por el pueblo, quiere ceder a los imperios del mundo -China, Gran Bretaña o los Estados Unidos-, con sus diferentes bases secretas: en las Malvinas, en Baca Muerta, mientras un ejército israelí vigila a potenciales poblaciones peligrosas en el sur argentino. Un gobierno que creó una empresa off-shore con fondos del ANSES, que mandó a la muerte a cuarenta y cuatro tripulantes del submarino Ara San Juan, que ocultó y evitó un posible rescate de los mismos, que habrían sido eliminados por un misil británico cerca de las Malvinas. También es un gobierno neoliberal que semeja un régimen totalitario, ya que con sus simulacros democráticos -no suspende ley alguna, ni la constitución, ni el congreso-, oculta pero a la vez ejerce, persecuciones y amedrentamientos policiales, encarcela y detiene preventivamente sin juicio, crea campos de escepción, aquellos que, expulsando soberanamente a ciertos sujetos -como los pueblos indígenas- del territorio nacional en términos jurídicos, permite su persecución, asesinato y desaparición; no se trata simplemente de considerar delincuentes a algunos opositores, sino de considerar a todo potencial opositor como sujeto sospechoso, peligroso, que no es que pueda ser colocado al interior de las leyes de la misma sociedad que lo amedrenta, sino que, en términos de expulsado, es como si estuviera fuera de la ley, y por eso el gobierno se cree en la legitimidad del uso indiscriminado de la fuerza. No por nada, cuando en su momento se reencarceló a Facundo jones Huala, se lo trató, como se lo había tratado desde un principio, como un extrangero, y mientras se lo confina sin un proceso justo, sin defensa legítima, por fuera jueces y gobernantes intentan forzar su extradición a Chile. Sí las comunidades mapuches, aún formando parte y habitando el mismo suelo del país, son consideradas como no-argentinas, como absolutamente distintas, el gobierno puede legitimar, aún ilegalmente, discrecionalmente, decretando a través aunque por encima de la constitución y de todo código legal, el uso de la fuerza, y allí donde se deja abierto el camino a la ausencia de toda norma, la norma mayor de que no hay norma alguna es la norma; la ley del más fuerte se impone como la ley legítima, y en vez de respetar, interpelando, los derechos consuetudinarios de dichas comunidades, el gobierno nacional y local utiliza todos sus recursos disponibles -gendarmería, policía, medios hegemónicos de comunicación- para intentar invisibilizar, en su virtual desaparición, a los sujetos y comunidades que ellos mismos consideran indeseables.
Todo en vía de desaparecer: políticos, trabajadores, sindicalistas, estudiantes y docentes, ancianos, jóvenes, adolescentes, mujeres y hombres, empobrecidos y clases medias, indígenas, ciudadanos; una política del socavamiento total de cualquier política, que violenta cualquier diálogo, que imposibilita cualquier intercambio que no sea legitimador del poder dominante, ése que dice ser democrático porque "cede la palabra", cuando la esencia de cualquier materialidad democrática debiera ser, en cambio, ejercer la propia palabra consciente de la igualdad de las de los y las demás. Discutir ya no solamente con sujetos diversos, sino también, y especialmente, como prefería pensarlo Hannah Arendt, con una pluralidad de realidades. En cambio, es como si asistiéramos a una nueva manera de hacer política, que es inversamente proporcional a la voluntad política: a menor acción, a menor disensión, a menor intervención, mayor violencia y mayor persecución. Como Daniele Giglioli nos advirtiera en su ensayo, Crítica de la víctima, la mitología victimista, esa que disfraza de víctimas imaginarias a victimarios reales, desacredita cualquier acción, porque la única acción que admitiría como posible sería la indeseable que los mismos perpetradores, inconfesadamente, aplican y sueñan con seguir aplicando: el daño, la violencia, la destrucción; sólo queda como legítima acción la consecuencia del daño, el padecimiento del dolor, y así es mejor no actuar, porque en adelante todo aquel que actúe, que ose hablar, que ose intervenir en el mundo público, o bien será una víctima, o bien un victimario: los verdaderos victimarios se confunden así con sus víctimas, y los sectores más atacados quedan catalogados, cuando responden, como otros tantos victimarios, como si el manifestarse en contra de la opinión oficial constituyera un crimen, como si todo aquel que no acata sumisamente la orden de ovedecer al tirano fuera, por sus convicciones irracionales y no consiliadoras, un sujeto violento, que es imprescindible convatir y, de ser necesario, matar y desaparecer.
100 años de una reforma universitaria, que tuvo alcances latinoamericanos, continentales: un continente que sigue sufriendo las derrotas de sus fuerzas populares a manos de los regímenes neoliberales; 50 años de una revuelta, la que en mayo de 1968, conectara estudiantes, trabajadores y ciudadanía en general, en la búsqueda de mayores libertades y derechos, en contra de tiranías y dictaduras, por la emancipación global en lo sexual, lo económico y lo cultural. Pues bien, ¿por qué no recuperar, reivindicar incluso, todas aquellas banderas? En el caso de la reforma universitaria de 1918, los estudiantes se manifestaban en todo el país por la autonomía universitaria, el cogobierno de las instituciones, la gratuidad y laicidad universitarias, y la apertura popular de las universidades, permitiendo el acceso y la educación de las mayorías empobrecidas o en vías de serlo de la población. También es cierto que, junto a aquellas reivindicaciones de una universidad popular y reformista, muchos estudiantes pedían una universidad revolucionaria, acompañada por una revolución social total. Pero a la vez necesitamos y deseamos universidades, colegios y escuelas, en todos los grados de la educación pública, que sean rebeldes, que sepan decir no a las injusticias, y levantarse contra las cadenas de un sistema capitalista, patriarcal y financiero, que nos supone mercancías, que dispone el valor de nuestras vidas y de nuestros deseos y bienes con la balanza del mercado mundial, buscando no ya solamente la mercantilización, sino también la mercadización del mundo y de lo humano, en un mercadeo de derechos y de soberanías, como si la dignidad y las necesidades básicos fueran negociables, como pretende Macri que la soberanía nacional, las Malvinas y el resto de los recursos naturales nacionales sean negociables para con los imperios extrangeros. Recursos que son también realidades, ya que estos agentes de finanzas globales ignoran por completo tanto el derecho de las comunidades que habitan los suelos nacionales como los derechos de esos mismos ecosistemas, los derechos de la naturaleza y del mediohambiente, que están a medias contemplados constitucionalmente como derechos de tercera generación, en relación a los derechos humanos a la salud o a un mediohambiente sano. no es que los animales o la naturaleza sean esencias separadas -aún si fueran autónomas- de las realidades humanas, pero al estar en contacto permanente con lo humano, debiera considerárseles con sus propios derechos, ya que todo lo que tocamos, nosotros que tenemos derechos, debiera, por tanto, adquirirlo al instante de haber caído bajo nuestros pies y manos, nuestros ojos y nuestras instituciones.
En alguna época pasada, hubo un singular debate metafísico, ya que los filósofos no se ponían de acuerdo con qué era aquello que el ser humano había traído como singularidad de su condición: las ideas, la razón, el bien, el mal, el conflicto, etc. Heidegger, por ejemplo, afirmaba que el ser humano había traído al mundo el ser; Sartre, en cambio, decía que fue la nada. Pero Albert Camus, contra ellos aunque en su misma línea, llegó a admitir que lo que el ser humano trajo al mundo fue la contradicción, su condición de rebeldía, su naturaleza que siempre se niega a ser algo que hay previo, lo que es o está preestablecido, así como no renuncia a su realidad y a sus congéneres, de modo en que no se arroja a la nada. Para evitar caer en los vicios burgueses del capitalismo, que según el autor francés llevaron a la humanidad a cometer los peores crímenes -exterminios masivos en todo el planeta, persecuciones, matanzas, etc.-, que convirtieron las aspiraciones totalitarias del nazismo y el stalinismo en sistemáticos suicidios colectivos -que tanto matan a sus semejantes como a sí mismos-, que habrían podido afirmar que "existimos solos", él quería que afirmásemos otro principio, casi cartesiano, rebelde: "me rebelo, entonces nosotros somos". El neoliberalismo, como un nuevo tipo de totalitarismo, más moderado, cuya herramienta letal no es tanto la policía secreta como el mercado y los instrumentos financieros, implica, me parece, esa nueva manera de hacer política que, en sus intenciones de invisibilizarlo todo, activa la vitalidad de una desfantocracia -un poder del desaparecer para evitar comparecer-, en sus ancias de dominación, desaparición y destrucción totales del mundo, de los seres humanos y de sus tiempos y espacios públicos, privados y cotidianos. El totalitarismo neoliberal, como nuevo criterio de formador de subjetividad -la de los sujetos emprendedores-, así como destructor de las soberanías tradicionales, que retira al Estado y sus herramientas de salvación de derechos y libertades democráticos, que arroja a todos a la arbitrariedad de una lucha interminable por la supervivencia del más fuerte, pretende una absorción total de lo humano que, si antes sólo era posible parcialmente para los regímenes totalitarios ya desmantelados en el siglo XX -nazismo, stalinismo, o los autoritarismos del franquismo, los despotismos totalitarios orientales de Corea del Norte o de la China comunista postmaoísta, así como las dictaduras latinoamericanas de los años 70 y 80-, mediante cierta fabricación de la soledad absoluta, en el aislamiento de los campos de concentración y de exterminio, ahora se vuelve más posible y amplia desde los mecanismos neoliberales, porque desde la irrupción postmoderna del tiempo total, del presente absoluto y del "no hay tiempo", o del "se acaba el tiempo", incluso del "el tiempo es dinero", son los gobiernos neoliberales los que, con sus extremismos y gradualismos, economías de shock o de competencia masiva, se han apropiado de ese último resquicio democrático del tiempo, que los gobiernos como los de Macri o Temer, gestionan los tiempos, limitan los tiempos de vencimiento de deuda, endeudan al infinito sus democracias (cuando el presidente Macri dice que "estamos creciendo", la conjugación de las oraciones en los tiempos presente y futuro plurales de la primera persona, al indicar un "nosotros", en realidad habla para algunos, que no son todos los habitantes argentinos, sino que son los ricos y poderosos del empresariado nacional, pero que es fundamental que abarque a todos en sus pretenciones discursivas, aparentando hablar a todos). SI en un par de meses se adelantan las elecciones nacionales, presa o no Cristina Fernández, ello seguirá indicando la manipulación de Cambiemos del tiempo político -el cambio permanente es otro indicador adicional de un rasgo totalitario en el partido oficialista nacional-, y sólo una eficaz y responsable organización, articulación y reempoderamiento hegemónico de los sentidos populares en ese entonces, posibilitará a la oposición ganar elecciones sin olvidar sus debates abiertos con las pluralidades del resto de la población, reabriendo el espacio público para la legitimación de otros discursos que permitan deconstruir la ya vieja "grieta" nacional, para revisar y rearmar las tramas y redes ciudadanas. No bastará cancelar la nueva deuda externa, normalizar las tarifas o procesar a los perpetradores, ni siquiera recuperando las provincias en manos del peronismo o la izquierda, dialogando además con aquellos movimientos sociales y varriales de corte libertario -por ejemplo-, sino que faltará también saber actualizar las nuevas luchas discursivas, que implican hoy, por poner un ejemplo, el debate de la legalización del aborto.
Hay que repolitizar los espacios públicos, las instituciones educativas en todos los niveles, las conversaciones más íntimas; también hay que continuar reconociendo los rasgos sociales, radicales y emancipatorios de las luchas populares. Hay que hacer que reaparezca el ser del pueblo, individual, social, político y latinoamericano, para que los usurpadores del poder de turno no puedan evitar comparecer ni ser procesados debidamente por una nueva justicia, por nuevos jueces y mejores legisladores, para que no se le vuelva a permitir a nadie, fácilmente, arrancar al ser y matarlo en cada persona, en cada sector social empobrecido, destruir los derechos y las garantías adquiridos, violar las leyes básicas, desaparecer a nadie bajo ningún concepto al colocarse ellos en los lugares de poder real.
Filosofía para filósofos y no filósofos. “¿Quién duda de que vive, recuerda, entiende, quiere, piensa, conoce y juzga? Puesto que si duda, vive; si duda, recuerda su duda; si duda, entiende que duda; si duda, quiere estar cierto; si duda, piensa; si duda, sabe que no sabe; si duda, juzga que no conviene asentir temerariamente, Y aunque dude de todas las demás cosas, de éstas jamás debe dudar: porque, si no existiesen, sería imposible la duda.” San Agustín, De Trinitate, X, 10, 14
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jueves, 30 de agosto de 2018
sábado, 9 de junio de 2018
Tocar fondo: la vuelta al fondo de la economía argentina
El jueves pasado se oficializó el regreso del país al FMI; un acontecimiento previsto por algunos semanas atrás, que marca un nuevo avance de las políticas neoliberales de Cambiemos, y un nuevo retroceso de la economía real para los sectores mayoritariamente vulnerables de la Argentina.
Nótese que el término "fondo" suscita distintas acepciones, y la idea oficialista que denotaría -falsamente- "fondos de inversión" es sólo uno de sus múltiples significados posibles. Así, por otra parte, la sigla FMI significaría, según algunos ingeñosos periodistas opositores y pesimistas, no tanto -o solamente- "fondo monetario internacional", sino también "fábrica mundial de indigentes", y además, por qué no, "fondo mundial de inversión", según el gobierno nacional, como también podría llegar a indicar, también para los menos optimistas, "fábrica mundial de infelicidad", o incluso "fondo mercantil infinito", por ejemplo. Nótese, por ello, que para el sentido común, al cual la palabra dicha en singular, que peca de univocidad significante, no termina de convencer ni, si es posible, de engañar: puede indicar "tema de fondo", "idea de fondo", pero también "pozo sin fondo".
En efecto, como empresa global que pretende financiar y financiarizar las relaciones internacionales entre las naciones, el Fondo no quiere ni quisiera, por supuesto, ser una parte en un todo mayor, un banco entre bancos, ni mucho menos el último de los recursos financieros: el Fondo no quisiera, aunque así es, "estar al fondo" en tema de negocios de deuda mundial. Para "estar en el centro" de la escena, en vez de ser su fondo, es difícil para esta máquina de endeudamiento global, aparentar la inocencia que los gobiernos capitalistas y de derecha de las grandes potencias buscan atribuirle; si fuera otra vez, como en la época del resurgimiento de los populismos latinoamericanos entre 2003 y 2013, un organismo periférico entre aquellos que, como la CIA o la UE corrían el riesgo de perder la hegemonía en el juego de fuerzas por encabezar la lista de los sistemas que iban a manejar el mundo desde la caída del muro de Berlín y de la Unión Soviética en los 90, su resurgimiento hoy día podría ser fácilmente pasado por alto por las izquierdas de centro que, en los últimos años, se han convertido en los grupos mayoritarios opositores; estando nuevamente en el centro de la escena económico-política actual, ignorar su presencia se vuelve, si no imposible, un acto ingénuo por parte de las intelectualidades nacionales en América Latina. Invisibilizado en los diez años previos, su espacio era ocupado por la lucha entre los mercados estadounidense y chino desde la crisis en los EE. UU. en 2004 y la nueva crisis internacional de 2008; a nivel de la crítica cultural, literaria y filosófica, y fuera de los complejos debates de los académicos de la economía, el fondo se había convertido por entonces en aquel campo existencial del stablishment que, como el tiempo y el ser en San Agustín y Martin Heidegger respectivamente, poseía una referencialidad ambigua y que coincidía con la presencia o ausencia circunstanciales y locales de su influencia e insidencia en los campos reales de las economías regionales, cuando los gobiernos populares latinoamericanos eran abordados por el poder comunicacional, con una pregunta similar a la de los filósofos por el tiempo y el ser; en ese caso, podían decir: "si no me lo preguntan, lo sé; pero si me lo preguntan, no lo sé"; y bien podría haber sido formulada la respuesta más o menos como sigue: "si estamos endeudados por él, sabemos que estuvo ahí; pero si nos hemos desendeudado, aún si era patente que el fondo estaba y aún está ahí, mejor es pensar que no lo sabemos o, en el mejor y más feliz de los casos, es mejor no pensar en él, y en dejar de considerarlo como un agente serio de la economía que pueda traernos beneficios a todos".
Aquí y ahora, en cambio, está más presente que nunca, y su ignorancia hasta pocas semanas atrás por parte de la mayoría opositora nacional, demuestra su ingenuidad a la hora de efectivizar su llamada de alerta al avance cada vez más patente de las políticas oficialistas contra los derechos de las mayorías desfavorecidas. Si con la reapertura indiscriminada de las importaciones a comienzos del 2016, con la eliminación del cepo al dólar y el previo pago sumiso a los fondos buitres, los sectores más afectados de la economía bien podrían haber adoptado el silencioso pero eficaz lema de "nada importa pero todo se importa"; con la reciente oficialización de la vuelta al fondo -no digamos del fondo, la cual remite a los mismos inicios de la confirmación de Macri como nuevo gobierno en diciembre del 2015-, se nos antoja hoy otro, del cual la risa y el llanto son solamente dos de las tantas contradictorias emociones -positivas y negativas, de bronca y de impotencia más que nada- que inspirará su explicitación: "el fondo nos deja sin fondos", "el fondo es un pozo sin fondo" o, incluso, "hemos tocado fondo si es que hemos vuelto al fondo", por ejemplo. Justamente, los sectores medios se forman una falsa idea de lo que el fondo es hoy, si es que llegan a admitir la engañosa invitación oficialista de que el fondo, siempre malo hasta ahora, se ha vuelto, de repente y sin mayores explicaciones, bueno y solidario; el fondo no viene al país, como ya bien lo han podido confirmar los países europeos que han aceptado sus recetas y se han endeudado por ellas, con sus crueles efectos resultantes -España, Italia, Grecia o Portugal-, a prestar fondos, sino a crear en la economía actual y futura, un nuevo pozo sin fondo, un vacío económico-institucional que incidirá en un progresivo y catastrófico aumento de la deuda externa y de la crisis financiera real, cuyo inicio histórico se remonta, como ya sabemos, al conflicto del segundo gobierno kirchnerista con el campo en 2008, cuando la masiva fuga de capitales al extrangero por parte de las grandes empresas y su futura rentabilidad en off shores en países que son históricos paraísos fiscales -o cuevas fiscales, como Santiago O'donell propone nombrarlos-, fue una manera de frenar los intentos de poner impuestos a los grandes exportadores, y cuya consolidación como fuga soberana se vio, espectacularmente, en las investigaciones hechas públicas mundialmente de los Panama Papers.
Un fondo que sólo reivindica su nombre, es decir que fondea, que crea más fondos, es decir más agujeros cuyo fondo es el remanente o resto de inversiones que están por desaparecer del territorio nacional, que no presta dinero sino que abre la puerta a la perpetuación condenatoria de los pueblos oprimidos de un endeudamiento in aeternum; recuérdese el fragmento de un estribillo de una conocida canción de rock de La Vela Puerca que dice: "viejo divino ¿adónde vas? ... Y de la mano sólo queda hoy un perro flaco y el fondo de un vino pa entiviar", y acá el fondo es un poquito de vino, que reconocemos que es lo que al pobre le queda después de una vida despreocupada, aunque en la actualidad descubre él mismo que es una vida vacía, miserable y sin futuro. El término "fondo" indica aquí, mejor que de ninguna otra forma, "resto" o, también, "vacío", y la posibilidad de su infinitud en el tiempo abre la contingencia humana del pueblo argentino a su más desdichada y confirmatoria caída en la nada, en esa arvitrariedad consustancial a una lucha por la vida y por la existencia en una naturaleza salvaje y en una sociedad aparentemente incontrolada, pero sutilmente dominada por un grupo que, en su ipocresía por gobernar mientras propugna la destrucción del Estado y de toda soberanía nacional vende, en su relato de marketing la noción falaz y funcional a sus intereses de clase, del individuo atomizado, ese sujeto autónomo y absoluto, que es su propio emprendedor. No es que el emprendedurismo en sí mismo sea malo, lo que ocurre es que en los microemprendimientos, en los que se busca aspirar a desarrollar una capacidad o acceder a un conocimiento práctico específico -elavoración de alimentos, por ejemplo-, generalmente tienden a ser temporales, funcionando como aparatos inconscientemente individualistas, que dividen a los grupos en sujetos autosuficientes, y los aprendizajes que se promueven en sus contingentes de personas suelen ser puramente utilitarios, acríticos y carentes de nociones y conceptos fundamentales para toda sociedad como "comunidad" o "solidaridad". El problema es que sus mecanismos suelen servir muy bien a los relatos de los libros de autoayuda o de liderazgo que, con sus lenguajes engañosos, pretenden llenar el vacío ideológico de las estructuras mercadistas y empresarias que, con sus nuevas estéticas capitalistas, completan una dimensión de postverdad falta de mejores respuestas formales a la política real. Su logro es efectivo porque, en un mundo sin criterios absolutos de verdad y de falsedad, donde las estructuras narrativas de historias particulares, relativas y puramente verosímiles, manejadas por medios masivos de comunicación, no pueden posibilitarle a nadie fuera de sus legitimadores oficiales, una base válida para elegir qué hacer, quién ser, cómo actuar o en quién o qué depositar sus esperanzas, deseos e intereses. En una realidad semejante, donde el pluralismo democrático de ciertos sectores intelectuales, o las ideologías de democracia radical, sociedad popular o libertaria de nuevos grupos políticos que aglomeran antiguas izquierdas o tendencias de librepensadores y de activistas sociales, son rápidamente descartados como posibles respuestas inmediatas a los problemas tradicionales o nuevos de la política, o excluídos de los debates hegemónicos por hallarse fuera de las grietas y divisiones acostumbradas en la actividad pública -izquierda o derecha, popular o conservadora, liberal o nacionalista, etc.-; en el cual el pragmatismo político invita a la mayoría a elegir siempre y solamente entre un relativismo que permite casi todo pero que se adecúa muy bien a todo, y un particularismo o singularismo que cae en las falencias de cualquier individualismo, por bueno u original que sea, y donde el universalismo corre el peligro de homogeneizar lo heterogéneo, ya no alcanzan los antiguos mecanismos electorales e institucionales para legitimar las diferentes prácticas; entre una ciudadanía que es atacada soberanamente por el gobierno de turno y convertida así en una unidad de pueblo, y una dimensión política signada por partidos, poderes estatales y fácticos, que interpreta a sus potenciales seguidores ciudadanos o bien como sumas de individuos o como masas uniformes, actualmente queda un único campo de referencialidad que puede servir como una herramienta efectiva para disminuir la brecha existente entre ambas partes del mundo público: las redes sociales en internet, cuyos nuevos grupos y páginas masivos pueblan de un modo nuevo el campo de los debates públicos. aquí también el FMI está ampliamente deslegitimado, es considerablemente repudiado y no parece que la mayoría de los usuarios internautas vaya a apoyar de un modo optimista a un gobierno que se autoexcuse con sus eslógans o a un congreso que convalide sus acuerdos de expolio a la mayoría ciudadana.
No por nada tituló Tocar fondo un capítulo de su libro Si esto es un hombre el escritor italiano, superviviente de Auschwitz, Primo Levi: los recién llegados, ignorantes de la destrucción total de la humanidad en ellos, suponían que acababan de entrar en un infierno, y pronto no había solidaridad patriótica o política alguna que consiguiera mantenerlos lúcidos frente al horror. Tocar fondo: la clase argentina en crisis, así se titula un libro sobre el 2001 de dos autores argentinos contemporáneos, José E. Abadi y David Mileo. No queremos que así vuelva a ser denominada la situación nacional, que por entonces presenció el corralito económico; entonces se declaraba el estado de sitio, aunque hoy también estamos en un estado similar, de abandono de la ley y del derecho, aunque ambos comparten una característica del estado de escepción del que habla G. Agamben en su obra omónima: en un vacío legal e institucional, se crea un nuevo campo político, donde la ley es que no existen leyes, y la norma es que no hay normas; la persecución, la represión, la desaparición y la aniquilación políticas están entonces permitidas, y el poder soberano sobre la vida y sobre la ciudadanía son la nueva norma que rige la acción social del grupo dominante. Todavía, empero, queda una soberanía por defender, la soberanía nacional y popular, la cual se encuentra hoy en estado de riesgo total, porque el territorio nacional corre el peligro de ser convertido en base de la inteligencia norteamericana; para poder asumir y superar una soberanía que, siendo la del pueblo, controle y sea la base para la soberanía estatal; sin este reconocimiento, el país entero corre nuevamente el riesgo de caer bajo la cadena económica de otra soberanía que no le es propia sino agena, la del FMI, y con ella también las cadenas de todos sus aseguradores, los bancos internacionales, las agencias de inteligencia nacionales y las corporaciones mediáticas y militares norteamericanos y británicos.
Nótese que el término "fondo" suscita distintas acepciones, y la idea oficialista que denotaría -falsamente- "fondos de inversión" es sólo uno de sus múltiples significados posibles. Así, por otra parte, la sigla FMI significaría, según algunos ingeñosos periodistas opositores y pesimistas, no tanto -o solamente- "fondo monetario internacional", sino también "fábrica mundial de indigentes", y además, por qué no, "fondo mundial de inversión", según el gobierno nacional, como también podría llegar a indicar, también para los menos optimistas, "fábrica mundial de infelicidad", o incluso "fondo mercantil infinito", por ejemplo. Nótese, por ello, que para el sentido común, al cual la palabra dicha en singular, que peca de univocidad significante, no termina de convencer ni, si es posible, de engañar: puede indicar "tema de fondo", "idea de fondo", pero también "pozo sin fondo".
En efecto, como empresa global que pretende financiar y financiarizar las relaciones internacionales entre las naciones, el Fondo no quiere ni quisiera, por supuesto, ser una parte en un todo mayor, un banco entre bancos, ni mucho menos el último de los recursos financieros: el Fondo no quisiera, aunque así es, "estar al fondo" en tema de negocios de deuda mundial. Para "estar en el centro" de la escena, en vez de ser su fondo, es difícil para esta máquina de endeudamiento global, aparentar la inocencia que los gobiernos capitalistas y de derecha de las grandes potencias buscan atribuirle; si fuera otra vez, como en la época del resurgimiento de los populismos latinoamericanos entre 2003 y 2013, un organismo periférico entre aquellos que, como la CIA o la UE corrían el riesgo de perder la hegemonía en el juego de fuerzas por encabezar la lista de los sistemas que iban a manejar el mundo desde la caída del muro de Berlín y de la Unión Soviética en los 90, su resurgimiento hoy día podría ser fácilmente pasado por alto por las izquierdas de centro que, en los últimos años, se han convertido en los grupos mayoritarios opositores; estando nuevamente en el centro de la escena económico-política actual, ignorar su presencia se vuelve, si no imposible, un acto ingénuo por parte de las intelectualidades nacionales en América Latina. Invisibilizado en los diez años previos, su espacio era ocupado por la lucha entre los mercados estadounidense y chino desde la crisis en los EE. UU. en 2004 y la nueva crisis internacional de 2008; a nivel de la crítica cultural, literaria y filosófica, y fuera de los complejos debates de los académicos de la economía, el fondo se había convertido por entonces en aquel campo existencial del stablishment que, como el tiempo y el ser en San Agustín y Martin Heidegger respectivamente, poseía una referencialidad ambigua y que coincidía con la presencia o ausencia circunstanciales y locales de su influencia e insidencia en los campos reales de las economías regionales, cuando los gobiernos populares latinoamericanos eran abordados por el poder comunicacional, con una pregunta similar a la de los filósofos por el tiempo y el ser; en ese caso, podían decir: "si no me lo preguntan, lo sé; pero si me lo preguntan, no lo sé"; y bien podría haber sido formulada la respuesta más o menos como sigue: "si estamos endeudados por él, sabemos que estuvo ahí; pero si nos hemos desendeudado, aún si era patente que el fondo estaba y aún está ahí, mejor es pensar que no lo sabemos o, en el mejor y más feliz de los casos, es mejor no pensar en él, y en dejar de considerarlo como un agente serio de la economía que pueda traernos beneficios a todos".
Aquí y ahora, en cambio, está más presente que nunca, y su ignorancia hasta pocas semanas atrás por parte de la mayoría opositora nacional, demuestra su ingenuidad a la hora de efectivizar su llamada de alerta al avance cada vez más patente de las políticas oficialistas contra los derechos de las mayorías desfavorecidas. Si con la reapertura indiscriminada de las importaciones a comienzos del 2016, con la eliminación del cepo al dólar y el previo pago sumiso a los fondos buitres, los sectores más afectados de la economía bien podrían haber adoptado el silencioso pero eficaz lema de "nada importa pero todo se importa"; con la reciente oficialización de la vuelta al fondo -no digamos del fondo, la cual remite a los mismos inicios de la confirmación de Macri como nuevo gobierno en diciembre del 2015-, se nos antoja hoy otro, del cual la risa y el llanto son solamente dos de las tantas contradictorias emociones -positivas y negativas, de bronca y de impotencia más que nada- que inspirará su explicitación: "el fondo nos deja sin fondos", "el fondo es un pozo sin fondo" o, incluso, "hemos tocado fondo si es que hemos vuelto al fondo", por ejemplo. Justamente, los sectores medios se forman una falsa idea de lo que el fondo es hoy, si es que llegan a admitir la engañosa invitación oficialista de que el fondo, siempre malo hasta ahora, se ha vuelto, de repente y sin mayores explicaciones, bueno y solidario; el fondo no viene al país, como ya bien lo han podido confirmar los países europeos que han aceptado sus recetas y se han endeudado por ellas, con sus crueles efectos resultantes -España, Italia, Grecia o Portugal-, a prestar fondos, sino a crear en la economía actual y futura, un nuevo pozo sin fondo, un vacío económico-institucional que incidirá en un progresivo y catastrófico aumento de la deuda externa y de la crisis financiera real, cuyo inicio histórico se remonta, como ya sabemos, al conflicto del segundo gobierno kirchnerista con el campo en 2008, cuando la masiva fuga de capitales al extrangero por parte de las grandes empresas y su futura rentabilidad en off shores en países que son históricos paraísos fiscales -o cuevas fiscales, como Santiago O'donell propone nombrarlos-, fue una manera de frenar los intentos de poner impuestos a los grandes exportadores, y cuya consolidación como fuga soberana se vio, espectacularmente, en las investigaciones hechas públicas mundialmente de los Panama Papers.
Un fondo que sólo reivindica su nombre, es decir que fondea, que crea más fondos, es decir más agujeros cuyo fondo es el remanente o resto de inversiones que están por desaparecer del territorio nacional, que no presta dinero sino que abre la puerta a la perpetuación condenatoria de los pueblos oprimidos de un endeudamiento in aeternum; recuérdese el fragmento de un estribillo de una conocida canción de rock de La Vela Puerca que dice: "viejo divino ¿adónde vas? ... Y de la mano sólo queda hoy un perro flaco y el fondo de un vino pa entiviar", y acá el fondo es un poquito de vino, que reconocemos que es lo que al pobre le queda después de una vida despreocupada, aunque en la actualidad descubre él mismo que es una vida vacía, miserable y sin futuro. El término "fondo" indica aquí, mejor que de ninguna otra forma, "resto" o, también, "vacío", y la posibilidad de su infinitud en el tiempo abre la contingencia humana del pueblo argentino a su más desdichada y confirmatoria caída en la nada, en esa arvitrariedad consustancial a una lucha por la vida y por la existencia en una naturaleza salvaje y en una sociedad aparentemente incontrolada, pero sutilmente dominada por un grupo que, en su ipocresía por gobernar mientras propugna la destrucción del Estado y de toda soberanía nacional vende, en su relato de marketing la noción falaz y funcional a sus intereses de clase, del individuo atomizado, ese sujeto autónomo y absoluto, que es su propio emprendedor. No es que el emprendedurismo en sí mismo sea malo, lo que ocurre es que en los microemprendimientos, en los que se busca aspirar a desarrollar una capacidad o acceder a un conocimiento práctico específico -elavoración de alimentos, por ejemplo-, generalmente tienden a ser temporales, funcionando como aparatos inconscientemente individualistas, que dividen a los grupos en sujetos autosuficientes, y los aprendizajes que se promueven en sus contingentes de personas suelen ser puramente utilitarios, acríticos y carentes de nociones y conceptos fundamentales para toda sociedad como "comunidad" o "solidaridad". El problema es que sus mecanismos suelen servir muy bien a los relatos de los libros de autoayuda o de liderazgo que, con sus lenguajes engañosos, pretenden llenar el vacío ideológico de las estructuras mercadistas y empresarias que, con sus nuevas estéticas capitalistas, completan una dimensión de postverdad falta de mejores respuestas formales a la política real. Su logro es efectivo porque, en un mundo sin criterios absolutos de verdad y de falsedad, donde las estructuras narrativas de historias particulares, relativas y puramente verosímiles, manejadas por medios masivos de comunicación, no pueden posibilitarle a nadie fuera de sus legitimadores oficiales, una base válida para elegir qué hacer, quién ser, cómo actuar o en quién o qué depositar sus esperanzas, deseos e intereses. En una realidad semejante, donde el pluralismo democrático de ciertos sectores intelectuales, o las ideologías de democracia radical, sociedad popular o libertaria de nuevos grupos políticos que aglomeran antiguas izquierdas o tendencias de librepensadores y de activistas sociales, son rápidamente descartados como posibles respuestas inmediatas a los problemas tradicionales o nuevos de la política, o excluídos de los debates hegemónicos por hallarse fuera de las grietas y divisiones acostumbradas en la actividad pública -izquierda o derecha, popular o conservadora, liberal o nacionalista, etc.-; en el cual el pragmatismo político invita a la mayoría a elegir siempre y solamente entre un relativismo que permite casi todo pero que se adecúa muy bien a todo, y un particularismo o singularismo que cae en las falencias de cualquier individualismo, por bueno u original que sea, y donde el universalismo corre el peligro de homogeneizar lo heterogéneo, ya no alcanzan los antiguos mecanismos electorales e institucionales para legitimar las diferentes prácticas; entre una ciudadanía que es atacada soberanamente por el gobierno de turno y convertida así en una unidad de pueblo, y una dimensión política signada por partidos, poderes estatales y fácticos, que interpreta a sus potenciales seguidores ciudadanos o bien como sumas de individuos o como masas uniformes, actualmente queda un único campo de referencialidad que puede servir como una herramienta efectiva para disminuir la brecha existente entre ambas partes del mundo público: las redes sociales en internet, cuyos nuevos grupos y páginas masivos pueblan de un modo nuevo el campo de los debates públicos. aquí también el FMI está ampliamente deslegitimado, es considerablemente repudiado y no parece que la mayoría de los usuarios internautas vaya a apoyar de un modo optimista a un gobierno que se autoexcuse con sus eslógans o a un congreso que convalide sus acuerdos de expolio a la mayoría ciudadana.
No por nada tituló Tocar fondo un capítulo de su libro Si esto es un hombre el escritor italiano, superviviente de Auschwitz, Primo Levi: los recién llegados, ignorantes de la destrucción total de la humanidad en ellos, suponían que acababan de entrar en un infierno, y pronto no había solidaridad patriótica o política alguna que consiguiera mantenerlos lúcidos frente al horror. Tocar fondo: la clase argentina en crisis, así se titula un libro sobre el 2001 de dos autores argentinos contemporáneos, José E. Abadi y David Mileo. No queremos que así vuelva a ser denominada la situación nacional, que por entonces presenció el corralito económico; entonces se declaraba el estado de sitio, aunque hoy también estamos en un estado similar, de abandono de la ley y del derecho, aunque ambos comparten una característica del estado de escepción del que habla G. Agamben en su obra omónima: en un vacío legal e institucional, se crea un nuevo campo político, donde la ley es que no existen leyes, y la norma es que no hay normas; la persecución, la represión, la desaparición y la aniquilación políticas están entonces permitidas, y el poder soberano sobre la vida y sobre la ciudadanía son la nueva norma que rige la acción social del grupo dominante. Todavía, empero, queda una soberanía por defender, la soberanía nacional y popular, la cual se encuentra hoy en estado de riesgo total, porque el territorio nacional corre el peligro de ser convertido en base de la inteligencia norteamericana; para poder asumir y superar una soberanía que, siendo la del pueblo, controle y sea la base para la soberanía estatal; sin este reconocimiento, el país entero corre nuevamente el riesgo de caer bajo la cadena económica de otra soberanía que no le es propia sino agena, la del FMI, y con ella también las cadenas de todos sus aseguradores, los bancos internacionales, las agencias de inteligencia nacionales y las corporaciones mediáticas y militares norteamericanos y británicos.
sábado, 19 de mayo de 2018
¿Por qué Santiago Cúneo?: el periodismo y la política resignificados
Un hecho significativo sacude hoy los medios nacionales: la desvinculación del periodista peronista Santiago Cúneo de Crónica TV, Canal 4. Abre un nuevo espacio de comunicación, www.canal22web.com.
No es algo nuevo: ya durante el transcurso del año anterior se conoció un acontecimiento similar, el despido de Roberto Navarro de C5N. Habían despedido también a Víctor Hugo Morales, y a otros integrantes de dicho medio a lo largo de aquel año, pero el mismo fue reincorporado recientemente al canal.
Entonces cabe preguntarse: ¿por qué, ahora, precisamente, el gobierno va detrás de Cúneo? Un periodista más entre tantos de la oposición, mal hablado, ignorante, que según algunos necesita ayuda psiquiátrica o, mejor aún, internación psiquiátrica, inmediata y forzada. Un hombre cuyas características periodísticas, comunicacionales, lo convertían en alguien aparentemente vulgar, irrelevante, que no era mencionado ni siquiera por los miembros de la intelectualidad nacional -Jorge Asís, Eduardo Feinmann, Titaz, etc.-, tan mal conocido y funcional a los intereses del kirchnerismo, en paralelo con otro personaje igualmente mal conocido y difamado, funcional, en cambio, a los intereses del macrimo: Jorge Lanata. Un miembro de Clarín, mal hablado también, que no hace mucho dejó de mostrarse en la televisión, pero que pronto volverá a aparecer, un hombre singular, machista, estafador, mentiroso, falto de datos y argumentos válidos, un personaje con todas las letras para servir de vocero del oficialismo, anteriormente opositor, del cual muchos dicen que recibió, por cargarse mediáticamente a la expresidenta, un departamento en Nueva York, valuado en unos diez millones de dólares.
¿Qué hace de Cúneo, entonces, algo distinto? Obviamente, sus intereses y maneras tan disímiles de pensar, no digamos de expresarse. Lanata defiende los intereses oficialistas de un gobierno de derecha, mientras Cúneo dice defender al pueblo argentino, contra el "virrey" Mauricio Macri. Ambos recibieron sendos premios Martín Fierro, ambos poseen una lengua imposible de mantener bajo control, del lenguaje políticamente correcto, democrático, de los medios. Pero Cúneo dispone de datos y de argumentos válidos, a diferencia de su Alter-Ego.
Se trató siempre, ante todo, de un periodista comprometido, con la información que llegaba a sus manos, con los de sus compañeros y compañeras peronistas, incluso debatió amigablemente con las izquierdas del momento. Sus convicciones son firmes, sus ideas, sencillas: la patria, el pueblo, la clase trabajadora, la libertad de expresión, decir "lo que se le canten las pelotas". Simplemente es alguien que no tolera que quienes ocupan hoy la casa presidencial hagan a su antojo lo que quieran, dispuesto a debatir y a tolerar las propuestas democráticas y serias de los demás, pero intolerante a las maldades, crueldades y perversidades de Cambiemos. Que no tiene miedo de denunciar, siempre que pueda, los atropellos a los derechos básicos que Macri prometió mantener, pero que violó poco después de asumir el gobierno en diciembre de 2015; un gobierno que, entre tantas otras cosas, reendeudó al país, provocó el achicamiento del empleo público y privado, degradó las funciones y competencias del poder ejecutivo, amplió sus facultades y absorbió así el resto de las de los demás poderes, persiguió y persigue opositores, algunos de los cuales consiguió detener, procesar y hasta encarcelar sin juicio justo, trajo al país de invitados al anterior rey de España, a la reina de Gran Bretaña, se sacó varias fotos con Trump, abrió el mercado interno a las importaciones desmedidas, aumentó la inflación, generó más de un millón de nuevos pobres, catapultó la caída y cierre de fábricas y comercios, empresas pequeñas y medianas, colocó dinero de ANSES en una offshore de Arabia Saudí, y por si lo anterior fuera poco, ahora pide auxilio al FMI. Y eso no es todo: es quien entrega, secretamente, la soberanía de las Islas Malvinas a los intereses británicos, hace desaparecer militantes sociales y manda a una muerte casi segura a cuarenta y cuatro submarinistas en el Ara San Juan, intenta ocultar que había mandado al submarino a hacer misiones de espionaje y, aparte, intenta hacer cerrar o vender grupos de medios disidentes, como INDALO, algo curiosamente parecido a lo que hicieron los miembros de la cúpula militar durante la última dictadura al forzar a los dueños de Papel Prensa a vender su compañía.
Es una pena, en verdad, que Cúneo desaparezca de los medios masivos, pero es una fortuna también que aparezca en el mundo de los casi igualmente tan masivos medios digitales. El poder circula, Foucault lo sabía, y aunque el gobierno intente imponer el terror y el horror generalizados, como lo intentaron los autoritarismos latinoamericanos en los años 70 y 80, o como lo consiguieron los totalitarismos de los años 30, 40 y 50 del pasado siglo -el nazismo, el stalinismo o el franquismo-, para los cuales la oposición política no era peligrosa sólo por pensar diferente, sino especialmente por ser el último freno al terror total, Cúneo hace patente su fracaso. También para Cambiemos, como para los nazis, la AAA y Videla, el enemigo político no presenta una simple amenaza ideológica por sus ideas reales, sino que lo definen por sus tendencias a oponerse a lo que, según los oficialistas, es "el único camino posible", y por eso a cualquiera que exprese su descontento respecto a sus decisiones gubernamentales, se lo persigue y calumnia tildándolo de kirchnerista, como si serlo implicara una intrínseca y natural tendencia y esencia delictiva y a delinquir, como si el potencial preso político fuera, como los presos comunes, un criminal real, sin probar antes su culpabilidad más que con sofismas conocidos.
No todos acceden a la red de internet, como no todos acceden a tener un televisor y un canal de cable; hay quienes ni siquiera tienen la posibilidad de disfrutar de un canal de aire, como hay tantos que, además, hoy tampoco tienen ya la posibilidad de disfrutar de una salud aceptable, un salario digno, un puesto de trabajo seguro o una alimentación estable durante el día, que no llegan a fin de mes sin perder o mucho o todo; pero al menos Crónica, siendo un canal de aire, hasta ahora daba la posibilidad a una gran mayoría de argentinos que dispusiera al menos de un televisor y de luz eléctrica, de disfrutar de una variedad de contenidos, informaciones y opiniones disímiles, abriéndose a un público plural, con muchos gustos e intereses. actualmente, junto a C5N, conforman los únicos medios audiovisuales de oposición masivos al oficialismo en la provincia de Buenos Aires, casi incluso en el país entero. Ya no es posible ver a Navarro en C5N, sino que ahora sólo quienes accedemos a YouTube podemos hacerlo; ahora Cúneo está por volcarse también a este nuevo rubro, con pocas apuestas pero con muchos seguidores. Sin embargo, con los únicos medios masivos opositores al gobierno conquistados en la última persecución y apriete a los empresarios de los medios por parte del oficialismo, queda derrumbado, transitoria pero realmente, uno de los bastiones más importantes de la oposición, con lo cual el gobierno consigue cerrar una puerta más de la democracia, al censurar y limitar la libertad de expresión y de prensa masivamente. Queda por ver qué pasa, de ahora en adelante, con las redes: su ventaja consiste en que no sirven a intereses financieros o empresariales, sino que solamente son funcionales a la opinión pública más voluble e incontrolable de internet, mientras su desventaja la presenta su potencial capacidad de manipulación indirecta mediante el psicopoder, como ya se mostró con Canbridge Analitic.
La desaparición digital es más fácilmente efectuada en este campo de las redes que la desaparición física virtual en el mundo de los medios clásicos; sin embargo, no es menos cierto que la reaparición de las expresiones políticas allí -y aquí mismo, a través de este blog por ejemplo-, permite extender y complejizar las energías producidas por las pasiones y los sentimientos colectivos a nuevos campos de poder. No se trata ya, desde ahora, en buscar, simplemente, tomar el poder, sino de ejercerlo; la gigantesca circulación y afluencia de opiniones, ideas, palabras, discursos y luchas simbólicas en el también gigantesco mundo de la red, evita que un pensamiento único se pueda afirmar durante un tiempo relativamente largo como un "nosotros", impidiendo que un "yo pienso", "yo opino" cristalice en un "yo soy el que piensa", "yo soy el que opina", y nunca un "nosotros opinamos", "nosotros mandamos" puede cristalizar en un "nosotros somos los únicos que podemos decidir qué...". En otras palabras, la máquina simbólica del oficialismo pierde su fuerza y su efectividad en el mismo momento en que ingresa en el campo de las luchas en internet; si incluso acaba por disgregarse o disolverse, o si acaba por descomponerse o desmaterializarse a tal punto que no tenga ya efecto en la opinión pública digital, esta nueva masa digital acabaría por barrer, paulatinamente, su influencia y por arrancar sus raíces de sus puntos de apoyo y, finalmente, los usuarios coincidentes con ella quedarían reducidos a una ínfima y relativamente poco influyente masa de convencidos históricamente. Pero tampoco conviene desde ahora, cuando aún falta para que esa nueva aventura arranque el lunes, hacerse tantas ilusiones; como ya ha quedado probado con el retorno del neoliberalismo, es imposible concretar definitivamente los deseos de Cúneo: pretender que la derecha sea vencida electoralmente como que desaparezca del campo político inmediato, sería como repetir, ingenuamente, la ya conocida y fracasada opinión de que el fin de la historia regional y nacional había concluído cuando, en 2003, los neopopulismos latinoamericanos tomaban el timón de la perdida nave continental, dejando casi completamente desiertas las áreas de los que, hasta entonces, habían creído y apoyado a las derechas contemporáneas. No hay que olvidar que fue en aquel mismo 2003 cuando se formó el PRO en la ciudad de Buenos Aires, cuando se creían derrotadas de una vez y para siempre las tentativas de la derecha decimonónica y concluída la historia del famoso "en Argentina todo termina mal, siempre", e instaurando un bien eterno y substancial que se mostró, finalmente, escaso de planes de futuro a largo plazo, y carente de esquemas políticos complejos y críticos que continuaran y superaran las políticas llevadas adelante hasta 2010, que hubieran demostrado, si no, que la noción chavista de la revolución populista fue, como popular, también total y radical. Lo cual resultó ser falso: una vez fallecidos los expresidentes populares de la región -Néstor, Hugo y Fidel- y comenzados los golpes de Estado en toda América Latina -en Paraguay, Honduras y Brasil-, quedaron a la vista de muchos las incomprensiones por parte de los nuevos partidos y líderes populares de los problemas subsistentes en la realidad inmediata, como la inflación, la inseguridad social o los casos de corrupción, reales o fingidos, que aumentaron un descontento generalizado que acabó por transformarse en bronca y en masificar el odio a la expresidenta.
¿Qué queda por hacer? O bien tiene que volver Cristina al campo público, o bien, de dejar vacío ese lugar de poder, tiene que aparecer un sujeto político nuevo, que encauce la mayoría de la opinión opositora, la cual se encuentra ya unida y lista en la representación peronista de corte kirchnerista, izquierdista, feminista y peronista centro-izquierdista. Cúneo sirvió, hasta ahora, como portavoz comunicacional de este sector de la opinión pública; ¿se convertirá en un portavoz político efectivo de la dicha opinión pública disconforme, desencantada o decepcionada de la población, desfavorable a Cambiemos, tan bien como lo venía siendo desde el periodismo? Sólo el tiempo lo dirá, y dependerá de muchos factores, entre los cuales caben destacar la moderación discursiva y la búsqueda de apoyo de otras personalidades y espacios similares y afines, sin cuyo manejo útil y estratégico Cúneo pasará a ser, como lo fueron Masa o Randazo, otro opositor marginal, que particularmente carece de preparación académica adecuada y que confunde o ignora gran parte de las luchas simbólicas vigentes en el campo público: porque no es posible resumir o acotar los problemas actuales a un par de principios doctrinales -nacionalismo, populismo, soberanía nacional, lucha por los derechos básicos...-, sino que el hecho de que este periodista tenga en sus manos una significativa cantidad de apoyo, cariño y acuerdos, necesita ampliarse a manejar también las múltiples redes significantes, de palabras, símbolos y discursos, que circulan en el mundo político a todos sus niveles. Le hará falta también, como le hizo y le está haciendo falta a la oposición en su conjunto, la habilidad y la astucia maquiavélicas que, en manos de Duran Barba, le permitieron a Macri y a sus colaboradores conseguir el trono mayor; esto no implica ser santos, sino evitar que hayan sólo demonios; como dice Maquiavelo, "El mal se hace todo junto y el bien se administra de a poco." Pero sobre todo es indispensable dejar claro que lo que se busca es hacer retroceder las políticas actuales de ajuste que evitan reabrir los debates importantes y realmente necesarios, que deconstruyan la grieta entre kirchneristas y macristas, peronistas y no peronistas, y reconstruya la unidad popular y ciudadana en una trama tejida con paciencia, originalidad y creatividad, y que nos permita reconocer y delimitar no quién o qué es gorila y quién y qué no, sino cómo se inscribe, se presenta o se ausenta a la política. Si la política se vuelve presente, sabremos que estamos ante políticas y políticos responsables y críticos, pero si se muestra ausente y vacía, hemos de comprender que quien nos habla pretende no el final de los problemas sino el fin de la historia, de la política, el cierre de la grieta y la desintegración del tiempo.
Cúneo ha resignificado la política y el periodismo; se necesita un periodismo así, militante, que no es lo mismo que el famoso "periodismo patrullero" con el que tantas veces personajes ambiguos como Jorge Asís han podido esquivar la pregunta de la identificación política, diciéndose ser de centro, neutrales, apolíticos o liberales. Pero sólo si se sale a caminar, a decir, a expresar y a juntar a los unos con los otros, se podrá convertir el insulto manifiesto en palabra autorizada para nombrar los actuales descontentos y las actuales broncas comunes; como ya lo es en las canchas de football, en las calles y en las marchas populares, aún si el cantito "Mauricio Macri, la puta que te parió" sea un símbolo repulsivo para los dialogantes, bien o mal hablados, del oficialismo.
Notas: recomiendo encarecidamente los siguientes textos para hacer una lectura crítica de la situación mediática presente: Macri. Orígenes e instalación de una dictadura mafiosa, de Jorge Beinstein, Ediciones virtuales Waiwén, 2017; Ética de los medios de comunicación, de María Javiera Aguirre Romero, Herder, Barcelona, 2016; La concentración infocomunicacional en América Latina (2000-2015), de Martín Becerra y Guillermo Mastrini, Bernal: Universidad Nacional de Quilmes, Observacom, 2017. Y las siguientes obras del historiador italiano Enzo Traverso: ¿Qué fue de los intelectuales?, 2013; El totalitarismo. Historia de un debate, Eudeba, Universidad de Buenos Aires, 2001; El pasado. Instrucciones de uso: Historia, memoria, política, Ediciones Jurídicas y Sociales, S. A., Barcelona, 2007; y La historia como campo de batalla, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2012. También son muy recomendables los siguientes textos: Ecografías de la televisión, de Jacques Derrida, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1998; y Sobre la televisión, de Pierre Bourdieu, 1996.
No es algo nuevo: ya durante el transcurso del año anterior se conoció un acontecimiento similar, el despido de Roberto Navarro de C5N. Habían despedido también a Víctor Hugo Morales, y a otros integrantes de dicho medio a lo largo de aquel año, pero el mismo fue reincorporado recientemente al canal.
Entonces cabe preguntarse: ¿por qué, ahora, precisamente, el gobierno va detrás de Cúneo? Un periodista más entre tantos de la oposición, mal hablado, ignorante, que según algunos necesita ayuda psiquiátrica o, mejor aún, internación psiquiátrica, inmediata y forzada. Un hombre cuyas características periodísticas, comunicacionales, lo convertían en alguien aparentemente vulgar, irrelevante, que no era mencionado ni siquiera por los miembros de la intelectualidad nacional -Jorge Asís, Eduardo Feinmann, Titaz, etc.-, tan mal conocido y funcional a los intereses del kirchnerismo, en paralelo con otro personaje igualmente mal conocido y difamado, funcional, en cambio, a los intereses del macrimo: Jorge Lanata. Un miembro de Clarín, mal hablado también, que no hace mucho dejó de mostrarse en la televisión, pero que pronto volverá a aparecer, un hombre singular, machista, estafador, mentiroso, falto de datos y argumentos válidos, un personaje con todas las letras para servir de vocero del oficialismo, anteriormente opositor, del cual muchos dicen que recibió, por cargarse mediáticamente a la expresidenta, un departamento en Nueva York, valuado en unos diez millones de dólares.
¿Qué hace de Cúneo, entonces, algo distinto? Obviamente, sus intereses y maneras tan disímiles de pensar, no digamos de expresarse. Lanata defiende los intereses oficialistas de un gobierno de derecha, mientras Cúneo dice defender al pueblo argentino, contra el "virrey" Mauricio Macri. Ambos recibieron sendos premios Martín Fierro, ambos poseen una lengua imposible de mantener bajo control, del lenguaje políticamente correcto, democrático, de los medios. Pero Cúneo dispone de datos y de argumentos válidos, a diferencia de su Alter-Ego.
Se trató siempre, ante todo, de un periodista comprometido, con la información que llegaba a sus manos, con los de sus compañeros y compañeras peronistas, incluso debatió amigablemente con las izquierdas del momento. Sus convicciones son firmes, sus ideas, sencillas: la patria, el pueblo, la clase trabajadora, la libertad de expresión, decir "lo que se le canten las pelotas". Simplemente es alguien que no tolera que quienes ocupan hoy la casa presidencial hagan a su antojo lo que quieran, dispuesto a debatir y a tolerar las propuestas democráticas y serias de los demás, pero intolerante a las maldades, crueldades y perversidades de Cambiemos. Que no tiene miedo de denunciar, siempre que pueda, los atropellos a los derechos básicos que Macri prometió mantener, pero que violó poco después de asumir el gobierno en diciembre de 2015; un gobierno que, entre tantas otras cosas, reendeudó al país, provocó el achicamiento del empleo público y privado, degradó las funciones y competencias del poder ejecutivo, amplió sus facultades y absorbió así el resto de las de los demás poderes, persiguió y persigue opositores, algunos de los cuales consiguió detener, procesar y hasta encarcelar sin juicio justo, trajo al país de invitados al anterior rey de España, a la reina de Gran Bretaña, se sacó varias fotos con Trump, abrió el mercado interno a las importaciones desmedidas, aumentó la inflación, generó más de un millón de nuevos pobres, catapultó la caída y cierre de fábricas y comercios, empresas pequeñas y medianas, colocó dinero de ANSES en una offshore de Arabia Saudí, y por si lo anterior fuera poco, ahora pide auxilio al FMI. Y eso no es todo: es quien entrega, secretamente, la soberanía de las Islas Malvinas a los intereses británicos, hace desaparecer militantes sociales y manda a una muerte casi segura a cuarenta y cuatro submarinistas en el Ara San Juan, intenta ocultar que había mandado al submarino a hacer misiones de espionaje y, aparte, intenta hacer cerrar o vender grupos de medios disidentes, como INDALO, algo curiosamente parecido a lo que hicieron los miembros de la cúpula militar durante la última dictadura al forzar a los dueños de Papel Prensa a vender su compañía.
Es una pena, en verdad, que Cúneo desaparezca de los medios masivos, pero es una fortuna también que aparezca en el mundo de los casi igualmente tan masivos medios digitales. El poder circula, Foucault lo sabía, y aunque el gobierno intente imponer el terror y el horror generalizados, como lo intentaron los autoritarismos latinoamericanos en los años 70 y 80, o como lo consiguieron los totalitarismos de los años 30, 40 y 50 del pasado siglo -el nazismo, el stalinismo o el franquismo-, para los cuales la oposición política no era peligrosa sólo por pensar diferente, sino especialmente por ser el último freno al terror total, Cúneo hace patente su fracaso. También para Cambiemos, como para los nazis, la AAA y Videla, el enemigo político no presenta una simple amenaza ideológica por sus ideas reales, sino que lo definen por sus tendencias a oponerse a lo que, según los oficialistas, es "el único camino posible", y por eso a cualquiera que exprese su descontento respecto a sus decisiones gubernamentales, se lo persigue y calumnia tildándolo de kirchnerista, como si serlo implicara una intrínseca y natural tendencia y esencia delictiva y a delinquir, como si el potencial preso político fuera, como los presos comunes, un criminal real, sin probar antes su culpabilidad más que con sofismas conocidos.
No todos acceden a la red de internet, como no todos acceden a tener un televisor y un canal de cable; hay quienes ni siquiera tienen la posibilidad de disfrutar de un canal de aire, como hay tantos que, además, hoy tampoco tienen ya la posibilidad de disfrutar de una salud aceptable, un salario digno, un puesto de trabajo seguro o una alimentación estable durante el día, que no llegan a fin de mes sin perder o mucho o todo; pero al menos Crónica, siendo un canal de aire, hasta ahora daba la posibilidad a una gran mayoría de argentinos que dispusiera al menos de un televisor y de luz eléctrica, de disfrutar de una variedad de contenidos, informaciones y opiniones disímiles, abriéndose a un público plural, con muchos gustos e intereses. actualmente, junto a C5N, conforman los únicos medios audiovisuales de oposición masivos al oficialismo en la provincia de Buenos Aires, casi incluso en el país entero. Ya no es posible ver a Navarro en C5N, sino que ahora sólo quienes accedemos a YouTube podemos hacerlo; ahora Cúneo está por volcarse también a este nuevo rubro, con pocas apuestas pero con muchos seguidores. Sin embargo, con los únicos medios masivos opositores al gobierno conquistados en la última persecución y apriete a los empresarios de los medios por parte del oficialismo, queda derrumbado, transitoria pero realmente, uno de los bastiones más importantes de la oposición, con lo cual el gobierno consigue cerrar una puerta más de la democracia, al censurar y limitar la libertad de expresión y de prensa masivamente. Queda por ver qué pasa, de ahora en adelante, con las redes: su ventaja consiste en que no sirven a intereses financieros o empresariales, sino que solamente son funcionales a la opinión pública más voluble e incontrolable de internet, mientras su desventaja la presenta su potencial capacidad de manipulación indirecta mediante el psicopoder, como ya se mostró con Canbridge Analitic.
La desaparición digital es más fácilmente efectuada en este campo de las redes que la desaparición física virtual en el mundo de los medios clásicos; sin embargo, no es menos cierto que la reaparición de las expresiones políticas allí -y aquí mismo, a través de este blog por ejemplo-, permite extender y complejizar las energías producidas por las pasiones y los sentimientos colectivos a nuevos campos de poder. No se trata ya, desde ahora, en buscar, simplemente, tomar el poder, sino de ejercerlo; la gigantesca circulación y afluencia de opiniones, ideas, palabras, discursos y luchas simbólicas en el también gigantesco mundo de la red, evita que un pensamiento único se pueda afirmar durante un tiempo relativamente largo como un "nosotros", impidiendo que un "yo pienso", "yo opino" cristalice en un "yo soy el que piensa", "yo soy el que opina", y nunca un "nosotros opinamos", "nosotros mandamos" puede cristalizar en un "nosotros somos los únicos que podemos decidir qué...". En otras palabras, la máquina simbólica del oficialismo pierde su fuerza y su efectividad en el mismo momento en que ingresa en el campo de las luchas en internet; si incluso acaba por disgregarse o disolverse, o si acaba por descomponerse o desmaterializarse a tal punto que no tenga ya efecto en la opinión pública digital, esta nueva masa digital acabaría por barrer, paulatinamente, su influencia y por arrancar sus raíces de sus puntos de apoyo y, finalmente, los usuarios coincidentes con ella quedarían reducidos a una ínfima y relativamente poco influyente masa de convencidos históricamente. Pero tampoco conviene desde ahora, cuando aún falta para que esa nueva aventura arranque el lunes, hacerse tantas ilusiones; como ya ha quedado probado con el retorno del neoliberalismo, es imposible concretar definitivamente los deseos de Cúneo: pretender que la derecha sea vencida electoralmente como que desaparezca del campo político inmediato, sería como repetir, ingenuamente, la ya conocida y fracasada opinión de que el fin de la historia regional y nacional había concluído cuando, en 2003, los neopopulismos latinoamericanos tomaban el timón de la perdida nave continental, dejando casi completamente desiertas las áreas de los que, hasta entonces, habían creído y apoyado a las derechas contemporáneas. No hay que olvidar que fue en aquel mismo 2003 cuando se formó el PRO en la ciudad de Buenos Aires, cuando se creían derrotadas de una vez y para siempre las tentativas de la derecha decimonónica y concluída la historia del famoso "en Argentina todo termina mal, siempre", e instaurando un bien eterno y substancial que se mostró, finalmente, escaso de planes de futuro a largo plazo, y carente de esquemas políticos complejos y críticos que continuaran y superaran las políticas llevadas adelante hasta 2010, que hubieran demostrado, si no, que la noción chavista de la revolución populista fue, como popular, también total y radical. Lo cual resultó ser falso: una vez fallecidos los expresidentes populares de la región -Néstor, Hugo y Fidel- y comenzados los golpes de Estado en toda América Latina -en Paraguay, Honduras y Brasil-, quedaron a la vista de muchos las incomprensiones por parte de los nuevos partidos y líderes populares de los problemas subsistentes en la realidad inmediata, como la inflación, la inseguridad social o los casos de corrupción, reales o fingidos, que aumentaron un descontento generalizado que acabó por transformarse en bronca y en masificar el odio a la expresidenta.
¿Qué queda por hacer? O bien tiene que volver Cristina al campo público, o bien, de dejar vacío ese lugar de poder, tiene que aparecer un sujeto político nuevo, que encauce la mayoría de la opinión opositora, la cual se encuentra ya unida y lista en la representación peronista de corte kirchnerista, izquierdista, feminista y peronista centro-izquierdista. Cúneo sirvió, hasta ahora, como portavoz comunicacional de este sector de la opinión pública; ¿se convertirá en un portavoz político efectivo de la dicha opinión pública disconforme, desencantada o decepcionada de la población, desfavorable a Cambiemos, tan bien como lo venía siendo desde el periodismo? Sólo el tiempo lo dirá, y dependerá de muchos factores, entre los cuales caben destacar la moderación discursiva y la búsqueda de apoyo de otras personalidades y espacios similares y afines, sin cuyo manejo útil y estratégico Cúneo pasará a ser, como lo fueron Masa o Randazo, otro opositor marginal, que particularmente carece de preparación académica adecuada y que confunde o ignora gran parte de las luchas simbólicas vigentes en el campo público: porque no es posible resumir o acotar los problemas actuales a un par de principios doctrinales -nacionalismo, populismo, soberanía nacional, lucha por los derechos básicos...-, sino que el hecho de que este periodista tenga en sus manos una significativa cantidad de apoyo, cariño y acuerdos, necesita ampliarse a manejar también las múltiples redes significantes, de palabras, símbolos y discursos, que circulan en el mundo político a todos sus niveles. Le hará falta también, como le hizo y le está haciendo falta a la oposición en su conjunto, la habilidad y la astucia maquiavélicas que, en manos de Duran Barba, le permitieron a Macri y a sus colaboradores conseguir el trono mayor; esto no implica ser santos, sino evitar que hayan sólo demonios; como dice Maquiavelo, "El mal se hace todo junto y el bien se administra de a poco." Pero sobre todo es indispensable dejar claro que lo que se busca es hacer retroceder las políticas actuales de ajuste que evitan reabrir los debates importantes y realmente necesarios, que deconstruyan la grieta entre kirchneristas y macristas, peronistas y no peronistas, y reconstruya la unidad popular y ciudadana en una trama tejida con paciencia, originalidad y creatividad, y que nos permita reconocer y delimitar no quién o qué es gorila y quién y qué no, sino cómo se inscribe, se presenta o se ausenta a la política. Si la política se vuelve presente, sabremos que estamos ante políticas y políticos responsables y críticos, pero si se muestra ausente y vacía, hemos de comprender que quien nos habla pretende no el final de los problemas sino el fin de la historia, de la política, el cierre de la grieta y la desintegración del tiempo.
Cúneo ha resignificado la política y el periodismo; se necesita un periodismo así, militante, que no es lo mismo que el famoso "periodismo patrullero" con el que tantas veces personajes ambiguos como Jorge Asís han podido esquivar la pregunta de la identificación política, diciéndose ser de centro, neutrales, apolíticos o liberales. Pero sólo si se sale a caminar, a decir, a expresar y a juntar a los unos con los otros, se podrá convertir el insulto manifiesto en palabra autorizada para nombrar los actuales descontentos y las actuales broncas comunes; como ya lo es en las canchas de football, en las calles y en las marchas populares, aún si el cantito "Mauricio Macri, la puta que te parió" sea un símbolo repulsivo para los dialogantes, bien o mal hablados, del oficialismo.
Notas: recomiendo encarecidamente los siguientes textos para hacer una lectura crítica de la situación mediática presente: Macri. Orígenes e instalación de una dictadura mafiosa, de Jorge Beinstein, Ediciones virtuales Waiwén, 2017; Ética de los medios de comunicación, de María Javiera Aguirre Romero, Herder, Barcelona, 2016; La concentración infocomunicacional en América Latina (2000-2015), de Martín Becerra y Guillermo Mastrini, Bernal: Universidad Nacional de Quilmes, Observacom, 2017. Y las siguientes obras del historiador italiano Enzo Traverso: ¿Qué fue de los intelectuales?, 2013; El totalitarismo. Historia de un debate, Eudeba, Universidad de Buenos Aires, 2001; El pasado. Instrucciones de uso: Historia, memoria, política, Ediciones Jurídicas y Sociales, S. A., Barcelona, 2007; y La historia como campo de batalla, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2012. También son muy recomendables los siguientes textos: Ecografías de la televisión, de Jacques Derrida, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1998; y Sobre la televisión, de Pierre Bourdieu, 1996.
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